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lunes, 24 de agosto de 2009

EL EJECUTIVO CONTEMPLATIVO - LIDEREANDO DESDE EL CORAZÓN

Ejecutivo en Jefe de Inversiones, Corporación de Inversiones de Singapur
Fiduciario y Miembro de la Junta Directiva, Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana
(CMMC)

Estamos reunidos esta tarde para considerar la relevancia de las enseñanzas de John
Main para el ejecutivo corporativo.

En los últimos cuatro años, he estado trabajando en una antología de las enseñanzas
de John Main, que ha sido publicada recientemente por Medio Media bajo el título, “El
Hambre de Profundad y Sentido”. El trabajo ha sido sumamente enriquecedor para mí
en términos de la comprensión más profunda de las enseñanzas de John Main acerca
de la meditación Cristiana y su conexión con mi práctica diaria. En otras palabras, para
verificar la enseñanza a través de mi propia experiencia.

Sabiduría y Transformación
Me sentí particularmente atraído hacia una charla que John Main dio probablemente
poco antes de su muerte. Su voz era frágil, pero hablaba con intensidad cautivante.
Había tres elementos en la charla de particular relevancia para los ejecutivos y líderes
de negocios. Primero, el describía el conocimiento al que arribamos a través de la
meditación como no sólo adiciones a nuestro banco de memoria, sino como el
conocimiento de la sabiduría, citando de la Carta de Pablo a los Efesios:

“ No ceso de dar gracias por vosotros y de hacer de vosotros memoria en mis
oraciones para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo y Padre de la gloria os
conceda espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él, iluminando los
ojos de vuestro corazón para que entendáis cuál es la esperanza a que os ha
llamado.” (Efesios 1:16-18).

Luego habló acerca del poder transformador de la meditación, como un proceso a
través del cual nuestras mentes son rehechas, relacionándolo con la carta de Pablo a
los Romanos:

“Os ruego, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezcáis vuestros
cuerpos como hostia viva, santa, grata a Dios; éste es vuestro culto racional. Que no
os conforméis a este siglo, sino que os transforméis por la renovación de la mente,
para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, buena grata y perfecta.”
(Romanos 12: 1-2)

Lo que encontré más interesante fue el tercer elemento que era la pura practicidad
con la que él describía el camino hacia esa sabiduría y transformación. Dijo:

“ Esta meditación, esta búsqueda de sabiduría y amor, debe ocurrir de una manera
enteramente ordinaria, enteramente natural. La meditación debe ser incorporada a la
estructura ordinaria de la vida cotidiana. Es por medio del estar en silencio, de una
manera muy simple e inocente, por medio del estar atento.”

En este siglo XXI, enfrentamos más obstáculos que nunca antes en nuestra búsqueda
por vivir nuestras vidas con sentido, profundidad, significado y propósito. Las
distracciones y demandas que caracterizan mayormente a la vida moderna son
particularmente evidentes en la vida del ejecutivo de negocios.

Trajín y consumismo
El primer desafío para el ejecutivo de negocios que se embarca en el viaje
contemplativo es tomar distancia del trajín del mundo de negocios. La inexorable
globalización de los negocios requiere más viajes de negocios que tensionan la vida de
familia. Gestionar un negocio internacional a través de múltiples husos horarios pone a
prueba tanto las capacidades físicas como mentales de cada vez más ejecutivos. Y
desde luego, los avances de las telecomunicaciones y la tecnología que dieron como
fruto el correo electrónico a través de internet mantiene a muchos en puntas de pie. En
el pasado, el tiempo en casa o de vacaciones proveían el muy necesitado refugio del
trabajo y de la oficina. Pero hoy el ejecutivo está enganchado a su blackberry. Esto se
nota más vívidamente al observar cuán rápido los viajeros de negocios echan mano a
su blackberry al momento que el avión aterriza en el aeropuerto, ansiosos por
averiguar que mensajes les fueron enviados mientras se encontraban en el aire.
El otro problema de un estilo de vida moderno es que estamos esclavizados por el
consumismo; tanto por nuestro propio consumo como por el consumo de la gente que
compra los bienes o servicios que producimos. Estamos todos en alguna forma de
alocada carrera consumista. El estilo de vida consumista fuerza a la gente a trabajar
demasiado duro de manera de satisfacer sus ambiciones como consumidores.
Incluso los deportes y los hobbies, que se supone deben ser antídotos contra nuestro
trajín, pueden ser en si mismo ajetreadas ocupaciones. En lugar de traer alivio, a
menudo contribuyen a nuestro agotamiento.
John Main estaba bien consciente del padecimiento de la gente moderna. El dijo,

“ Es como si estuviéramos apresurándonos por nuestras vidas, y en nuestros
corazones está la llama de una vela. Debido a que nos movemos a tan alta velocidad,
esta llama esencial interior está siempre a punto de apagarse. Pero cuando nos
sentamos a meditar, cuando nos volvemos al silencio, cuando no estamos pensando
en términos de nuestro éxito o auto-importancia, de nuestra propia voluntad, cuando
estamos simplemente en la presencia de Aquel que es, entonces la llama comienza a
arder con gran brillo. Comenzamos a entendernos a nosotros mismos y a los demás
en términos de luz, calidez y amor.”

John Main también veía a la meditación satisfaciendo la necesidad urgente del hombre
moderno que vive su vida a un nivel increíblemente superficial y que busca
desesperadamente profundidad y sentido.

“Ninguno de nosotros”, dice, “meditaría a menos que se nos hubiera ocurrido que en
la vida hay más que ser meramente productores o consumidores. Todos nosotros
sabemos que no podemos encontrar ningún sentido duradero o último simplemente en
producir o consumir. Entonces buscamos ese sentido último. Y llegamos a la
meditación porque un instinto certero nos dice que, tal como no podemos encontrar
ninguna satisfacción última en consumir y producir, tampoco podemos encontrar
sentido último fuera de nosotros mismos. Debemos comenzar por nosotros mismos”.

Experiencia Personal
Comencé a aprender a meditar por primera vez hace unos 20 años. Mi esposa,
Patricia, y yo estábamos entonces bastante satisfechos al nivel de las necesidades
materiales. Nuestro estándar de vida excedía con creces lo que habíamos esperado
en nuestra juventud. Me iba bien en mi carrera y disfrutaba mucho del trabajo de
invertir dinero. La vida familiar era feliz. Teníamos dos hijos que por entonces
ingresaban en la vida de adolescentes. Patricia había dejado su trabajo cinco años
antes para pasar más tiempo con ellos, y se sentía más plena cuidando de ellos que
en su trabajo. Sin embargo había para ambos una inquietud en medio de la
satisfacción material. Sentíamos fuertemente que había más en la vida que confort
material y satisfacción de carrera. En una suerte de crisis de mitad de vida,
estábamos buscando un sendero espiritual que pudiera traer más sentido a nuestras
vidas.

Mirando en forma retrospectiva, descubrí la meditación Cristiana en aquel momento
crítico de mi vida. En aquel momento, la dirección más probable de mi carrera hubiera
sido una aceleración del ritmo, para tratar de llegar a la cima más rápido. Si triunfé o
no en mi objetivo de carrera es ahora hipotético, desde luego. Pero estoy seguro que
hubiera pagado un alto precio en términos de bienestar familiar, relaciones
personales, salud y desarrollo espiritual. La meditación me colocó en el camino menos
transitado. Accioné la palanca de cambios y pasé a una marcha que ha hecho el viaje
mucho más pleno, restauró el equilibrio en mi estilo de vida, y trajo mayor profundidad
y sentido.

La disciplina de la meditación fue un antídoto necesario contra mi trajín como
ejecutivo de negocios. Cuando comencé a meditar por primera vez, me tomó unos dos
años ajustar mi estilo de vida y rutina diaria simplemente para hacerle lugar a los dos
períodos diarios de meditación. Pero ese proceso de ajuste fue una bendición ya que
me hizo darme cuenta que había estado gastando una considerable cantidad de
tiempo en trivialidades o formas de adicción. Por ejemplo, solía pasar largas horas
algunas noches jugando al juego chino de mahjong con amigos, algunas veces hasta
las primeras horas de la mañana. En el trabajo, pasaba una cantidad de tiempo
desproporcionada en socialización de negocios. Mucha de ella innecesaria en el
sentido de que mi presencia no era esencial y realmente no hacía diferencia ni a mi
negocio ni a mis anfitriones el que yo asistiera o no a esos eventos. A través del
alejarme de esas actividades triviales, no sólo encontré el tiempo para los dos
períodos de meditación diaria, pero también el espacio y el tiempo para causas que
valen la pena, en mi caso el servir a mi comunidad como el coordinador nacional para
Singapur, y también en Medio Media y también como fiduciario de CMMC. Con la
práctica de la meditación, he encontrado una nueva perspectiva del tiempo y de cómo
usarlo sabiamente. Ahora vigilo con cuidado mis horas de ocio, y he aprendido a decir
“no” a las demandas sin importancia de mi tiempo, dando prioridad a las relaciones.
No creo haberme vuelto antisocial; disfruto de mis partidos habituales de tenis y golf
con amigos y colegas, pero trato de limitar el tiempo dedicado a ellos. Con la práctica
de la meditación, he llegado a valorar más el silencio y la soledad, y esto requiere un
cierto distanciamiento del ruido y de las multitudes, y algo de abstinencia de televisión
y otras distracciones.

De mi propia experiencia, puede decirse verdaderamente que al darle tiempo a la
meditación, no estamos perdiendo sino de hecho ganando tiempo. La ganancia no es
solamente en el nivel profundo de la transformación personal que mejora
considerablemente la calidad de nuestra vida y de nuestro trabajo, pero también en el
nivel mundano en el sentido de que la meditación nos llevará a dejar ciertos hábitos en
nuestro estilo de vida que son una pérdida de tiempo.

Como viajero frecuente de negocios, también he encontrado a la meditación de gran
ayuda para mitigar el jetlag (efectos del viaje en avión a través de husos horarios)
Puedo descansar mejor y dormir bien incluso en horas dispares. Cuando estamos
lejos de casa en un país distante y en un huso horario completamente distinto, hay una
alteración inevitable al patrón habitual de nuestra rutina de vida y de trabajo. La
meditación matutina y vespertina, independientemente de donde estemos, provee una
cierta estabilidad y anclaje que mitiga la alteración producida por el viaje.

Un nuevo nivel de conciencia
Estoy seguro que la mayoría de ustedes tiene su propia historia acerca de cómo la
meditación llegó a sus vidas en un cierto punto, e hizo una diferencia en sus vidas. Esa
diferencia es una nueva manera de ver la vida, de vivir la vida.

Recientemente leí un libro muy inspirador titulado “Persiguiendo la luz del día”, por el
ex Director Ejecutivo de la firma contable KPMG, Eugene O’Kelly. En Mayo de 2005 O’
Kelly entró a la oficina de su médico con una agenda de trabajo bien cargada y toda
una vida de planes en su mente. Así es como describía su trabajo:

“ Este trabajo de Director Ejecutivo era increíblemente privilegiado, pero era duro,
despiadado, lleno de presión. Mi agenda estaba perpetuamente completa por los
siguientes 18 meses. Estaba permanentemente moviéndome a 100 millas por hora.
Trabajaba todo el tiempo. Trabajaba los fines de semana. Trabajaba hasta altas horas
de la noche. Me perdí todos los actos escolares de mi hija menor. Durante los
primeros diez años, mi esposa y yo rara vez nos íbamos de vacaciones. Antes de que
esto suene como una queja, debo ser honesto. En tanto creía que podía manejar una
posición con tal alta presión, la quería. Era profundamente devoto de y amaba a mi
familia. Pero no hubiera podido conformarme con un trabajo menor. La gente no entra
voluntariamente al puesto más alto. Son arrastradas.”

Aquel día en la oficina del médico, O’Kelly se enteró que tenía cáncer cerebral, con
menos de 100 días para vivir. Desde ese momento, dejó su trabajo y se dispuso a vivir
los días que le quedaban de vida enfocado en lo que era realmente importante: su
familia, reconectarse con amigos, restaurar relaciones, y prepararse para morir bien.
Antes de morir, escribió las siguientes palabras:

“ Durante mucho tiempo creí que una persona de negocios exitosa podía, si tenía la
inclinación hacia ello, vivir una vida espiritual. Y que para ello no era necesario
abandonar la sala de directorio, largar todo e irse a vivir a un ashram, como si solo
una partida física de tal magnitud pudiera confirmar una profundidad de sentimiento
acerca de asuntos más grandes, como la propia alma.

Luego de mi diagnóstico, aún creía eso. Pero también descubrí profundidades a las
que una persona de negocios raramente va. Aprendí cuánto vale la pena visitar estas
profundidades, y más bien temprano que tarde, porque puede traerle a uno mayor
éxito como persona de negocios y como ser humano. Lo que atravesé puede llamarse
un viaje espiritual, un viaje del alma. Un viaje que me permitió experimentar lo que
siempre estuvo allí pero escondido, gracias a las distracciones del mundo.”

Y que es lo que O’ Kelly dijo haber aprendido en los 100 días previos a su muerte:


Acerca de disfrutar cada momento tanto que el tiempo parece desacelerarse

Acerca de claridad y simplicidad

Acerca de la espontaneidad y la necesidad de reavivarla en nuestras vidas

Acerca de pasar tiempo pensando acerca de nuestra muerte y preparándonos
para ella.



No pude decir de la lectura del libro si O’Kelly practicaba meditación, pero era evidente
en esas palabras que se había movido hacia un nivel de conciencia contemplativa.
O´Kelly de la cinta de correr de una vida agitada debido a su muerte inminente.
Deseaba haberse bajado antes. John Main vio que el consumismo podía llevar a la
deshumanización de la vida moderna, y vio a la meditación como un camino para
romper con ese patrón. John Main dijo,

“ Es tan fácil para nosotros deshumanizarnos, volvernos meros consumidores en una
sociedad materialista y comercial. Es tan fácil vivir nuestras vidas de una manera
mecánica, siguiendo rutinas todos los días, pero perdiendo el sentido de frescura, de
creatividad, de libertad. Como resultado, vivimos nuestras vidas en una suerte de
prisa, una rutina a continuación de la otra, distraídos tal vez por un poco de
entretenimiento, de placer, o mortificados por la presión del trabajo o del juego. Para
romper con este ciclo, cada uno de nosotros debe aprender a parar la prisa de la
actividad. Debemos aprender la prioridad de ser. Debemos aprender a estar quietos.
De eso se tratan nuestros períodos regulares de meditación.”

De mi experiencia, aún cuando encontremos el trabajo de la meditación, del prestar
atención, de recitar el mantra una lucha constante, debido a las inevitables
distracciones, la disciplina de timarse el tiempo cada mañana y cada tarde traeré sus
frutos. A través de esa disciplina, aprendemos a establecer las prioridades correctas,
y a distinguir lo que es importante de lo que es innecesario. Esto beneficiará no sólo
nuestras propias vidas y la de nuestras familias. También hará una gran experiencia
positiva en la vida de nuestros colegas y subordinados. Respetaremos su necesidad
de equilibrio en sus vidas al no hacer demandas irracionales de su tiempo.

John Main tenía una manera humorística de decir por qué la gente ocupada debería
meditar: para no convertirse en “cuerpos-ocupados”.

Meditar requiere un acto de fe. Pero el comienzo en la fe nos guiará a una experiencia
que valida la fe. Y la experiencia es que una práctica contemplativa incorporada a la
vida diaria de una persona de negocios resultará en una mejor persona de negocios y
un ser humano más pleno. En palabras de San Bernardo, necesitamos asistir al
negocio del negocio, y nuestro primer negocio como seres humanos es permitir que el
trabajo de Dios se realice en nosotros.

Cinco Atributos del Liderazgo
Quisiera considerar ahora como las enseñanzas de John Main acerca de la
meditación pueden afectar la práctica del liderazgo a nivel de las organizaciones de
negocios.

Para comenzar, puede ser útil tomar nota de lo que la literatura sobre liderazgo
organizacional tiene para decir acerca de las cualidades esenciales de un buen líder.
La literatura sobre liderazgo es abundante en teoría, estudio de casos, comentarios y
modelos personales tal como los registran muchos líderes en sus memorias.

Hace unos veinticinco años, tuve una experiencia enriquecedora al asistir a varios
seminarios sobre gestión organizacional liderados por el Profesor Moneim El-Meligi de
la Universidad de Rutgers. Moneim viajaba extensivamente en los Estados Unidos y en
Asia dando seminarios a miles de ejecutivos y líderes tanto en el sector público cómo
en el privado. El identificó cinco atributos del liderazgo que en su visión trascendían las
culturas. Estos cinco atributos universales eran los siguientes:

El primer atributo es “la voluntad de liderar”. Esto se refiere a un compromiso de la
totalidad de la persona con una meta que es a la vez realista y que vale la pena. Tal
acto moviliza energías de gran poder. Es un movimiento hacia el mundo, pero surge del
mundo interior de cada uno. Implica una disposición a asumir responsabilidad por
otros, una voluntad de ejercer la autoridad con que está investido el rol de liderazgo,
una aceptación de la responsabilidad. La voluntad de liderar asume integridad
personal. Cuando “la voluntad de liderar” degenera, el líder opera desde una
necesidad egocéntrica, para lograr que otros hagan cosas que uno decide que valen
la pena, con el propósito de la auto-glorificación, el auto-enriquecimiento, o para tener
intimidad. Tomás Moro que un tirano “es un hombre que no permite libertad alguna a
su gente, que está inflado por el orgullo, arrastrado por la lujuria de poder, impulsado
por la avaricia, provocado por la sed de fama”.

Moneim describe el segundo atributo como el de “claridad”. La claridad de la mente no
debe confundirse con la inteligencia. Se requiere algo más que el Cociente Intelectual
(CI). Este algo es sólido criterio. El componente más importante en el criterio es la
conciencia emocional y el control emocional. La claridad no guarda relación con el
volumen de conocimiento. De hecho, demasiado conocimiento causa sobrecarga y
confusión. Lo que realmente se necesita es información relevante. Una larga
preocupación e interés por un tema particular precede a lo que aparece como una
revelación súbita. Lo que el líder necesita es la habilidad, y de hecho el coraje, de
simplificar más que de acumular conocimiento más allá de lo necesario. He tenido el
privilegio en mi carrera de observar de cerca un líder de estas características. Se
trata de el Sr. Lee Kuan Yew, el padre fundador del Singapur moderno. El fue un
contemporáneo de Pierre Tudeau. Lee Kwan Yew terminó su mandato como Primer
Ministro en 1992 pero continúa sirviendo al Gabinete como Mentor de Ministros. Uno de
sus grandes activos es esa claridad mental que le permite simplificar lo complicado.
Tiene un don particular para reducir problemas complejos a sus componentes
esenciales básicos y comunicables. El ve que cada problema tiene un corazón. Si uno
puede penetrar profundamente en dicho corazón, la resolución del problema no
presentará dificultad. Una vez encontrada la esencia, él la define para sí mismo y para
los demás en términos precisos e inusualmente simples.

En términos cotidianos, la claridad puede ser vista como un hábito de hacer una
simple pregunta, “Soy claro?”. Al entrar en una reunión, por ejemplo, uno se
preguntaría a sí mismo, “Cual es mi rol?”, “Que se espera que yo ofrezca?” o “Qué es
lo que puedo aportar?” Un indicador supremo de la claridad de un líder es su
capacidad de admitir la incertidumbre o la ignorancia, “No lo sé, por lo tanto debo
averiguarlo”.

El tercer atributo del liderazgo es descripto como “la capacidad de aprender”. La
abilidad de aprender presupone la voluntad de aprender. Algunos líderes dejan de
aprender cuando alcanzan un cierto nivel de exceso de confianza engendrada por el
éxito o la admiración o alabanza de otros. Un líder puede alcanzar el punto de creer
que lo sabe todo. Entonces se instala la obsolescencia junto con la pérdida de la
capacidad de liderar. El líder debe aprender de su experiencia. Y así la fuente más
efectiva del aprendizaje se encuentra en los errores que el líder comete. Por lo tanto,
el aprendizaje es inhibido por el miedo a cometer errores o, peor aún, por la negación
de los errores. El autoconocimiento, o la humildad verdadera, es el mecanismo que
nos hace posible el aprender. La habilidad de aprender posibilita al líder a expandir su
percepción más allá de posiciones pasadas y a adaptarse a circunstancias
cambiantes.

Moneim describió el cuarto atributo del liderazgo como “similar pero diferente”. Para
ser un líder, uno debe ser suficientemente similar a sus seguidores de manera que
ellos se identifiquen con uno, o al menos poder encontrar sentido en nuestro
comportamiento. Asimismo, un líder debe compartir o al menos respetar los valores
centrales y las aspiraciones del grupo. Pero luego, para liderar, el líder debe ser
diferente. Su responsabilidad se extiende más allá del grupo porque debe regular la
interacción con otros grupos dentro de la misma organización o fuera de ella. Para
cumplir con el rol de frontera, el líder debe integrar dos perspectivas opuestas, una
hacia adentro y otra hacia fuera. El líder también debe interpretar la misión
organizacional a toda la organización. Por sobre todas las cosas, el líder debe
ofrecerle a la gente alternativas para lo que desean. Hay momentos en los que el líder
debe arriesgarse a tomar decisiones duras que no son populares pero son necesarias
para el progreso grupal. En otras palabras, el líder debe ser un agente de cambio y
continuidad.

El quinto atributo del liderazgo identificado por el Profesor Moneim fue el de recursos
abundantes de energía. El ofrece dos perspectivas interesantes. La primera, el ve al
liderazgo como un flujo recíproco de energía de una persona humana (el líder) hacia
otra (el seguidor). En segundo lugar, el enfatiza el sabio despliegue de energía, que se
refiere a la regulación de la energía de uno, la economía de energía, la dirección de la
energía y el impacto del líder dinámico en las energías de los seguidores. Esto está en
contraste con el modelo americano de liderazgo que resalta la dominación, la
agresividad y la asertividad. Los líderes, especialmente aquellos dotados de carisma,
pueden suscitar el entusiasmo de los seguidores, pero también pueden a la postre
tener un efecto agotador sobre ellos. Un líder sobreactivo puede derrochar su propia
energía y los recursos energéticos del grupo.

Así que el Profesor Moneim recuerda a los líderes que hay un mundo de diferencia
entre energía cinética y energía potencial. La energía cinética, tal como aprendemos
en Física en la escuela secundaria, es energía en acción o la energía involucrada en el
movimiento. La energía potencial es energía en reposo o no manifiesta en el trabajo
real. En otras palabras, la energía cinética es energía que está siendo gastada
mientras que la energía potencial es energía almacenada o disponible. Los líderes
sabios operan con el nivel óptimo de despliegue de energía, la propia y la de sus
seguidores.

El intercambio entre energía potencial y cinética tiene un paralelo con el equilibrio
entre contemplación y acción. Podemos pensar acerca de la meditación como un
estado dinámico de reposo durante el cual la energía potencial se conserva, para ser
liberada como energía cinética en la acción que fluye de la contemplación.

Los cinco atributos del liderazgo – la voluntad de liderar, la claridad, la habilidad para
aprender, similar pero diferente y los recursos energéticos – no están en realidad
separados sino que interactúan y se interpenetran en el acto de liderazgo. Cuando uno
le pregunta a alguien cómo es que su jefe se comunica, se referirá al entusiasmo o al
letargo de su jefe. Puede decir también que el jefe, si bien es entusiasta, lo satura de
información , dejándolo sin claridad respecto del asunto central.

Humildad
Quisiera suplementar los cinco atributos del liderazgo del Profesor Moneim con
observaciones de otras dos fuentes autorizadas.

Uno de los mayores best-sellers de negocios en el mundo es “From Good to Great”
(“De Bueno a Grandioso”) por el autor estadounidense Jim Collins. Collins pasó cinco
años analizando casi 1500 compañías prominentes. Encontró que las compañías que
fueron “ de bueno a grandioso” habitualmente tenían CEO’s (Gerentes Generales) que
tenían una mezcla de “humildad personal extrema e intensa voluntad profesional.”
Esto contradice la percepción común de un gran CEO al que se lo presenta como
atropellador, manipulador, despiadado e insensible.

En lo personal, me siento particularmente impresionado por el énfasis que Jim Collins
pone en la humildad. Volveremos sobre este tema de la humildad cuando
reflexionemos acerca de los frutos de la meditación en el liderazgo.

Autenticidad
Jack Welsh, el ex líder de General Electric es probablemente el líder más celebrado en
los círculos empresarios de los Estados Unidos. Se le preguntó cuales eran las
cualidades centrales verdaderamente esenciales para el progreso en la carrera. El dio
una larga lista de cualidades: inteligente, curioso, colaborativo, el carácter para tomar
decisiones duras, autoconfianza y humildad (una combinación que describió como
madurez), un sexto sentido para anticipar los cambios del mercado. Habiendo listado
estas cualidades, observó que la mayoría de estas cualidades debía ser adquiridas,
desarrolladas y refinadas. Luego sugirió que la cualidad que corona al líder está
realmente dentro nuestro, lista para que la dejemos salir. Llamo a esta cualidad
suprema la autenticidad o la humanidad del líder, quienes somos en nuestra alma.

Ser auténtico significa ser genuino, leales a nosotros mismos. La autenticidad implica
una voluntad de aceptar lo que somos. Significa no sólo confiar en nuestras fuerzas,
pero también enfrentar nuestras debilidades y ser pacientes con nuestras
imperfecciones. Podríamos decir que de esto se trata la verdadera humildad.

Si somos auténticos, inspiramos confianza en los otros. Somos amigos empáticos y
buenos escuchas. Al prestar atención a otros, mostrando preocupación genuina,
ayudamos a la gente a lidiar con el conflicto y la ansiedad. Estamos en paz con
nosotros mismos y por lo tanto podemos ayudar a otros a sentirse bien consigo
mismos. Es la autenticidad la que hace posible la confianza: la confianza que ponemos
en nosotros nos permite tener confianza en otros y establecer relaciones con sentido.
Esta confianza en nosotros mismos nos da el coraje de nuestras convicciones en
situaciones difíciles, ayudándonos a mantenernos fieles a nuestros valores. No somos
banderas al viento cambiando ante la menor presión que se avecina.

Los Frutos de la Meditación en el Liderazgo
Hemos repasado brevemente algunos prerrequisitos o atributos del liderazgo. Estos
atributos son la voluntad de liderar, la claridad, la habilidad de aprender, similar pero
diferente, uso óptimo de la energía, humildad y autenticidad. Si examinamos estas
cualidades de cerca, podemos encontrar un hilo conductor a través de todas ellas. Ese
hilo conductor es el grado en el que el líder ha trascendido su ego.

La raíz de la palabra “humildad” es la palabra latina “humus”, que significa suelo o
tierra. En otras palabras, tener los pies sobre la tierra, ser realista, honesto y veraz,
evitar la tentación de actuar como si fuéramos el centro divino del universo.
A mí me parece que la trascendencia del ego manifiesta en la verdadera humildad es
el nexo entre la meditación y el liderazgo. Así es como John Main describe la esencia
de la meditación:

“ Es aprender a dar un paso atrás y permitir a Dios que ocupe el frente de nuestra vida.
Muy a menudo en nuestra experiencia, encontramos que somos el centro del mundo.
Tantos de nosotros vemos a la realidad girando en torno nuestro. Pensamos de
manera bastante natural acerca de situaciones y de gente primariamente en términos
de “cómo me va a afectar esto” .

Todo esto está bien hasta cierto punto. Pero si realmente pensamos que somos el
centro del mundo, entonces jamás vamos a ver ninguna situación, ninguna persona, o
a nosotros mismos como realmente somos. Porque, desde luego, no estamos en el
centro del mundo. Dios está en el centro. Ahora bien, la meditación es tratar de dar ese
paso alejándonos del centrado en nosotros mismos y hacia el centrado en Dios. Y el
resultado es que encontramos nuestro propio lugar en el mundo. Encontramos donde
debemos estar. Encontramos nuestras relaciones en el orden correcto – nuestras
relaciones con las demás personas, nuestra relación con la creación y nuestra
relación con Dios. Lo que descubrimos, y lo que es importante descubrir para cada
uno de nosotros, es que sí tenemos un lugar esencial en el plan de Dios, cada uno de
nosotros respondiendo al don único de nuestra propia creación.”

Para John Main, el movimiento del centrado en nosotros mismos hacia el centrado en
Dios ocurre porque la práctica de la meditación es un ataque central al ego.
Meditamos para poder estar enteramente libres de la dominación del ego.

Es debido a la tiranía del ego que vemos un mundo de negocios donde los estándares
de ética e integridad han sido severamente debilitados. El engaño y la mentira han
destruido grandes empresas como Enron, Worldcom y Arthur Andersen. La virtud ya
no puede darse por hecho, y ahora debe ser enseñada a los ejecutivos. La gente está
cada vez más enferma por el narcisismo, la avaricia y otros vicios del tipo “yo
primero” de más y más CEO’s. Una gran parte del público general cree que los CEO’s
están en el juego sólo para su propia gratificación personal. El bien de sus empleados,
de sus clientes, de sus comunidades y aún de sus accionistas son meramente
asuntos secundarios para ellos.

La raíz del problema reside en el carácter, que determina los valores y la motivación.
Esta es una crisis que no puede arreglarse a través de campañas de relaciones
públicas, o regulaciones gubernamentales más fuertes, o reglas contables. La
moralidad no puede legislarse. Aquellos que promovemos o contratamos para
convertirse en CEO’s deben poseer las cualidades distintivas de los grandes líderes:
la habilidad de construir confianza, inspirar a seguidores dedicados y hacer del
servicio a otros su prioridad preeminente. En otras palabras, los valores centrales de
los CEO’s debieran ser examinados tan de cerca como su empuje, su profundidad
intelectual, su habilidad financiera o su registro de carrera. La competencia debe estar
apuntalada por el carácter.

Hay una renovada búsqueda de la mente ética en el mundo de la empresa, una brújula
moral. Necesitamos líderes que con su sólo ejemplo puedan crear un ambiente ético
donde la gente aspire a realizar buenos trabajos, trabajo de alta calidad que sea de
importancia para la sociedad, que mejore la vida de otros, y que sea conducida de una
manera ética.

Cómo puede cultivarse una mente ética? Una orientación ética comienza obviamente
en casa donde los niños ven los valores que sus padres viven a través de, por ejemplo,
si ellos se esfuerzan por ganarse la vida en forma honesta a pesar de las tentaciones.
A medida que crecen, sus maestros y pares tienen una enorme influencia. En el lugar
de trabajo, están expuestos a culturas empresarias, buenas o malas. Los empleados
pueden o no escuchar lo que dicen sus líderes, pero ciertamente miran atentamente
lo que sus líderes y colegas hacen. A medida que la gente joven ingresa en las
empresas y en el mundo de los negocios hoy en día, la tentación de evadir la ética
crece. Vivimos en una época de intensa presión sobre los individuos y las
organizaciones para tomar atajos, perseguir sus propios intereses, e ignorar el efecto
de su conducta sobre los demás. Si los líderes y los pares se comportan mal y así se
salen con la suya, los empleados pueden sentirse alentados a emularlos. Por el
contrario, los líderes que demuestran una conducta ética, especialmente a pesar de
las tentaciones del mercado, inspiran a sus empleados a hacer lo mismo. A la larga, la
reputación de la organización se fortalece de este modo. Ser ético significa no
engañarse ni a uno mismo ni a los otros. Las preguntas a plantearse son “Estoy
siendo un trabajador o líder responsable? Si no, qué puedo hacer para convertirme en
uno?”

Como es que la meditación ayuda a cultivar la mente ética? Cómo es que la
meditación nos ayuda a desarrollar el instinto espiritual para hacer lo que es correcto?

Escuchemos a John Main:

El mantra es como la aguja de una brújula. Te encamina siempre en la dirección
verdadera que debes seguir, lejos del yo y hacia adentro de Dios. Y cualquiera sea el
camino por el que tu ego pueda llevarte, la brújula siempre es fiel en la dirección que
te señala. El mantra, si lo dices con generosidad, con fe y con amor, siempre te
encaminará en dirección a Dios, y es sólo en Dios que nuestro destino verdadero
puede revelarse. Al decir nuestro mantra, en el retorno diario a la disciplina,
aprendemos gradualmente a mirar más allá de nosotros mismos. Aprendemos a ver
con una visión que se enfoca por delante de nosotros, en Dios. En ese enfocar todo en
Dios, todo en nuestra vida se vuelve alineado con Dios, y todo cae en su propio lugar. El
orden de nuestros valores se cambia gradualmente. En lugar de estar el sistema de
valores basado en el ego, en el éxito personal o en la auto promoción, auto
preservación o factores limitantes similares, nuestro sistema de valores se vuelve
alineado con Dios.”

John Main habló del poder del mantra como el aflojar dentro nuestro las raíces del ego
que nos llevan constantemente de nuevo a centrarnos en nosotros mismos y en el
deseo. Esto es porque en nuestra fidelidad al recitado del mantra, aprendemos a quitar
la atención de nosotros mismos.

John Main explica, también, porque la meditación debe ser un proceso gentil y gradual.
“No podemos vencer al ego por la fuerza. Eso sería en sí mismo egoísta. No podemos
usar la fuerza porque la fuerza sería un ejercicio de la voluntad dirigido a uno mismo.
El principio a tener presente es este – no podemos poseernos a nosotros mismos
pero podemos ser nosotros mismos. El ego es conciencia de nosotros mismos. Para
cambiar esta imagen introvertida de nosotros mismos, para escapar de la obsesión
con nosotros mismos, debemos cambiar la dirección de nuestra atención, de nuestra
conciencia. En otras palabras, la única manera de trascender el ego es ignorarlo. No
hay cantidad suficiente de auto análisis, autocompasión o autodistracción podrá
vencer al ego. Todo esto sería mucho más propio para componer el estado egoísta. La
meditación, el recitado del mantra, es el camino de ausencia del ego. Es el camino a la
atención desinteresada. ”

Las Consecuencias de Recitar el Mantra
La doctrina básica de las enseñanzas de John Main acerca de la meditación es “Di tu
mantra, y continua diciendo tu mantra, y estate satisfecho con decirlo.” Por qué es
esto tan poderoso? El padre Laurence Freeman ha comentado que, “Es difícil sugerir
como el decir el mantra nos compromete con la progresiva pérdida del ego y la
continua experiencia de la conversión en la vida cotidiana….Sin embargo, es
totalmente cierto que el simple recitado del mantra nos compromete a vivir las
consecuencias de recitar el mantra…No podemos meditar todos los días y continuar
llevando adelante una política de engaño, de egoísmo, de venganza. De todas
maneras, gradualmente, debemos comenzar a comprometernos en la vida diaria con
la veracidad, con el amor, con Dios. Esta es el por qué nuestra vida espiritual es la que
cambia el mundo. A medida que nuestra integridad moral comienza a desarrollarse,
nuestras acciones comenzaran a cambiar inevitablemente. Y así la realidad del mundo
en que vivimos, el mundo de lo seres sociales, políticos o religiosos comienza a
cambiar también.”

El corazón de la enseñanza de John Main de acuerdo al Padre Laurence Freeman es,
“Debemos primero aprender a ser, y luego sabremos qué hacer. El poder de hacer el
bien, se dice, viene de ser bueno. Lo que hacemos sólo es cambiado profunda y
permanentemente por lo que somos. Esto es una manera de decir que Cristo está
presente simultáneamente en nuestros corazones, en nuestra alabanza, y en nuestro
mundo.”

Concluyamos entonces con las siguientes palabras de John Main, que me han
alentado de gran forma en mi lucha por llegar a una mayor integridad.

“ Cada uno de nosotros debe entender la fuente de poder que está disponible para
nosotros al estar en la presencia de Jesús. Todos nosotros somos pecadores. Todos
nosotros somos capaces del pecado y del deseo por el pecado. Todos nosotros
hemos pecado y de hecho pecamos. Pero lo que es de suprema importancia para
cada uno de nosotros es que llegamos ante la presencia de Jesus, que somos
fortalecidos por Él, y nuestro egoísmo se desinfla por la pura belleza de Su ser. El viaje
es un viaje que nos aleja de nuestro yo, del egoísmo, de la aislación. Es un viaje hacia
el infinito amor de Dios. Con alguno de nosotros, el fin del egoísmo requiere una gran
lucha. A veces, somos arrastrados más o menos llorando y pataleando hacia el Reino
de los Cielos.”





20 de Octubre de 2007
Hotel Cheribourg
Orford, Quebec
Canada

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