lunes, 29 de septiembre de 2008
viernes, 26 de septiembre de 2008
LA AVENTURA INTERIOR
LA AVENTURA INTERIOR
Hace ya miles de años que hombres y mujeres, sinceros buscadores de la verdad, y deseosos de desentrañar el misterio de la existencia de una u otra manera, comenzaron la búsqueda para responder a esas preguntas esenciales que nos hemos planteado hace un momento y que siguen siendo el motor básico que impulsa a los verdaderos pensadores a los futuros Maestros de la Vida.
Muchos de esos hombres y mujeres abandonaron incluso la comodidad de sus hogares para, en tiempos inciertos, partir a la búsqueda de las fuentes de la Sabiduría eterna para saciar en ella su sed de conocimiento Algunos encontraron a otros seres semejantes a ellos en el deseo de saber y se unieron para emprender la búsqueda en la que compartirían sus experiencias individuales para mutuo beneficio.
Fundaron en la antigüedad las Escuelas de los Misterios y se constituyeron en Veladores Silenciosos, para preservar el conocimiento interior que hacía libres a aquellos que lo poseían. Pero, cabría preguntarse, ¿qué es lo que descubrieron en las Antiguas Escuelas de Conocimiento Esotérico, guardándolo como un tesoro al abrigo de los profanos, reservándolo solamente para aquellos elegidos que probaban fehacientemente su interés en conocer los misterios profundos del Ser?. Nada hay más cerca de nosotros que nosotros mismos y nada que nos sea más desconocido que nuestro propio Ser. En nuestro cuerpo un número ilimitado de átomos giran en órbitas como lo hacen los astros en el Universo, con la misma precisión y armonía que el Cosmos, y funcionando con las mismas leyes fundamentales.
Buscamos el Universo fuera de nosotros, sin percatarnos que nosotros mismos somos un universo en miniatura. Pero, más importante aún, los seres humanos somos algo más que cuerpo. Tenemos vida y manifestamos su atributo más importante: la consciencia. Los seres humanos somos también mente que se manifiesta continuamente. Hasta cuando dormimos nuestra mente sigue funcionando para asegurar los procesos vitales fundamentales.
La psicología moderna admite que un alto porcentaje de las enfermedades que padecemos son psicosomáticas, que empezaron primero en la mente para manifestarse después en el cuerpo. ¿Por qué la mente nos ocasiona, a través de procesos incorrectos, estas enfermedades? Actualmente, en la época de la informática, sabemos que las computadoras se pueden programar y desprogramar para conseguir fines distintos. La mente funciona de forma parecida a las computadoras. Una programación incorrecta puede ocasionar enfermedades graves y traumas que convierten nuestra vida en algo desgraciado. Podemos aprender a corregir gran parte de las enfermedades que nos aquejan.
Podemos programarnos para mejorar la memoria, para conseguir seguridad y aplomo, para un mejor funcionamiento de nuestra personalidad, para gozar de una mejor salud. Tantas y tantas cosas podemos hacer, cuando conocemos las potencialidades internas de nuestra mente, que podemos relegar el sufrimiento al lugar que verdaderamente le corresponde: LA NADA.
Pero, mucho más aún. Lo mismo que un cuadro lleva la impronta del pintor que lo pintó, lo mismo que una escultura lleva el sello del escultor que la esculpió, y que un edificio lleva la expresión de la personalidad del arquitecto que lo diseñó y lo construyó, nosotros llevamos el sello, en nuestro interior, del Creador.
El ser humano puede, si sabe como hacerlo, crear su futuro y llevar una vida digna de ser vivida. Para ello, debe emprender la más maravillosa y fascinante de las aventuras, la del descubrimiento de su Ser Interior.
martes, 16 de septiembre de 2008
EL MISTERIO DE LOS TEMPLARIOS
Ricardo E. Polo
RENACIMIENTO OCCIDENTAL
Una vez que Las Tablas de la Ley o lo que hayan hallado los caballeros cruzados, llegaran a Francia, comienza en Occidente un nuevo y magnífico día. Tomemos estos conceptos de Louis Charpentier: "Es bien comprensible que para la lectura de Las Tablas de la Ley (5), sean los libros criptográficos de Moisés los que den la clave cabalística. Y son los cabalistas judíos los que conservan el arte de transcribir "en números" los libros mosaicos (ahora se diría "en fórmulas"). "No es solamente por grandeza de alma por lo que los musulmanes de la época de esplendor protegen a los sabios judíos; no es solamente por grandeza de alma por lo que los Papas, benedictinos o cistercienses, protegen a "sus judíos" (de lo que es una muestra Miguel de Nostradamus).
Tampoco es por humanidad por lo que Bernardo de Clairvaux toma su bastón de viajero para ir a detener los progroms de Transrenania.(sic)". ¿Hay identidad bajo formas diferentes debidas a los tiempos y lugares, entre las proporciones y las medidas rítmicas existentes en los monumentos del viejo Egipto (Las Pirámides) algunas mezquitas y algunas catedrales góticas? Buena pregunta. ¿Serán entonces las Tablas de la ley una de las "fórmulas del Universo?". Parece que el abate Moreaux, astrónomo y matemático que defendió esta Tesis, no era ni un ignorante ni un pagano. Pero no cabe duda que los constructores de las catedrales Góticas, cuyo principio de la viga invertida rompe brutalmente todos los esquemas de construcción de Occidente, algo debían saber de ello...
Porque no había lugar alguno donde aprenderlo y nadie está en condiciones de resolverlo en la actualidad. Tal vez desde el infausto día en que Jackes de Molay, arrojando su blanco hábito con la roja cruz fuera del fuego, se consume en él, como holocausto para la humanidad. Nueve hombres, nueve "temerosos de Dios" buscan entre las ruinas del Templo de Salomón, en las más recónditas profundidades. En 1128, diez años después de su ingreso a esas ruinas, retornan a Champaña. Sea el Grial, "La Copa del Saber", de esmeralda, de oro o de piedra, la búsqueda de esos nueve, obtuvo sus resultados...
CONCILIO DE TROYES
A su regreso, los caballeros entregarán un mensaje de Balduino II al Papa. Usted, que está leyendo esta nota, podrá hallar en Les Mystéres de la Cathedrale de Chartres (Laffont) todo el revelado misterio de lo que pudieron traer a Occidente aquellos hombres. Con el Concilio de Troyes nace oficialmente la Orden del Temple. Aunque no existe precedente de convocar un Concilio para crear una Orden. Pero así ocurrió en este caso y a solicitud de Bernardo de Clairvaux.
El Concilio se llevó a cabo en el año 1128 en Troyes, cerca de Payns, cerca de Clairvaux, en las tierras del Conde de Champaña. Participan del Concilio singulares personalidades. Están los Obispos de Orleans, Troyes, Reims y Laion. Bernardo, Abad de Clairvaux; Reynaldo de Semur, Abad de Vezelay; Esteban Harding, Abad de Citeaux; Hugo de Macón, Abad de Pontigny; Guido, Abad de Trois-Fontaines; Ursino, Abad de Saint-Denis de Reims; Herbeto, Abad de Saint Etienne de Dijón; Guido, Abad de Molesnes. Todos ellos cistercienses y benedictinos. Dos laicos también participan: el Conde Champaña y el Conde de Nevers. Así nace la Orden del Temple. Allí adquiere su carácter religioso.
Allí el Concilio acepta y encarga a Bernardo la redacción de la regla, que este dicta al clérigo Miguel. En los preliminares leemos: "Bien ha obrado Madre de Dios con nosotros y nuestro salvador Jesucristo, que ha mandado a sus amigos a la ciudad santa de Jerusalén a la Marca de Francia y de Borgoña, los cuales, para nuestra salvación y la extensión de la verdadera fe, no cesan de ofrecer sus almas a Dios, buscando el sacrificio..." Bien ha obrado: la Obra está cumplida. La Marca de Francia y Borgoña escapa de las jurisdicciones reales y ducales. Los caballeros cumplieron el mandato. No nos vamos a extender sobre las características particulares de los caballeros Templarios, ni de su regla de ir de a dos montados en un caballo, ni de comer de una misma escudilla de a dos, ni el significado binario de esta costumbre; ni de sus extensiones territoriales; ni de su poder militar; ni de sus acciones seculares. No podemos hacerlo en un mero artículo periodístico. Usted buscará, sin duda, complementos que aportarán mayores conocimientos. No obstante, resultan interesantes estos datos: es con la Orden del Temple que nacen los primeros fundamentos de la caballería secular.
Constituye un medio "civilizador", de una nobleza hasta allí excesivamente inculta. Se divulga a través de las canciones de gesta, obra de clérigos benedictinos, que intentan convertir la "caballería" en "caballeresca". Todo ello forma parte, sin duda, de un plan preconcebido de civilización.
Comienza en Occidente la intensificación de la agricultura, la artesanía y el comercio. San Bernardo dice a Teobaldo de Champaña: "La espada solo te ha sido dada para la defensa del débil y del pobre..." Y aquella frase: "Tu reinarás mientras seas justo", dicha por el prior de Inglaterra a Enrique III, es clara y terminante sobre la intención Templaria.
sábado, 13 de septiembre de 2008
PRINCIPIOS DE CABALLERÍA ESPIRITUAL PARA EL VIVIR COTIDIANO (V) DEL BLANCO
Un conocido adagio hermético dice: “Blanquead el Latón y romped vuestros libros”.
Virgilio, que había sido iniciado en los misterios, en su descripción de los infiernos, cuenta que, el dios Pan, blanco como la nieve, sedujo a la luna. Esta es la etapa de la alquimia que se conoce como el Régimen de la Luna, que aparece bajo el signo de la luna creciente. Como indica Filateo: “El espíritu que limpia es muy blanco en su naturaleza, pero el cuerpo limpiado es de un negro negrísimo”. Los simbolistas cristianos estuvieron de acuerdo en hacer de la paloma el emblema de la Pureza, representando en ocasiones a la Virgen María, a quien los bizantinos llaman la Panhagia, la “Toda Santa” y que la Iglesia aclama como Inmaculada. Dentro de algunos círculos herméticos como la Fede Santa, se aceptaba una total relación simbólica entre la Persona del Espíritu Santo y la de la Virgen María.
De hecho antes del siglo XVI, existen representaciones de palomas-Espíritu Santo tan estilizadas que la figura del ave se acerca a la forma de la letra M inicial del nombre de María. Si observamos el Pentecostés, cuadro pintado por El Greco (1540-1614), apreciaremos que todos los apóstoles rodean a la Virgen, que, ocupando una posición destacada y central manifiesta una función receptora del Espíritu Santo que se manifiesta sobre ella en forma de paloma y al mismo tiempo en forma de llamas sobre cada una de las cabezas de los apóstoles.
En las Obras de Raimundo Lull, se nos dice sobre esta función: “La Virgen, con seguridad, recibe, sobre su seno, el fluido espiritual del cosmos, que ella reenvía, inmediatamente, sobre el pequeño Jesús extendido a sus pies, en su mullida cunita”. Este es el fuego secreto de los Sabios que es el único agente que puede abrir, sublimar, purificar y disponer a la materia. Y no podemos dejar de relacionar ahí el versículo 49, capítulo XII, de San Lucas: “He venido a poner el fuego en la tierra, ¿y qué quiero yo, si no es que se encienda? ”.
El hermano Apiano León de Valiente, nos comenta sobre este Estado o Régimen : “La Luz disuelve los obstáculos propios del endurecimiento de la materia, y la eleva, produciendo la unión de la Luz con la materia, para engendrar un nuevo estado que atraerá influencias más purificadoras, permitiendo a la tierra deshacerse del poder artificial que la dirige y, finalmente, surgirá como resultante un estado de luminosidad permanente”.
Como principio practico indicaremos que el trabajo espiritual nunca queda sin resultado, el sentir atracción por las actividades espirituales, amarlas y practicarlas a través de una vía tradicional, de la oración, la meditación, la reflexión de las escrituras sagradas, y de las enseñanzas de los auténticos maestros tradicionales.
Aunque no se aprecie nuestros esfuerzos, aunque no veamos en la vida cotidiana resultados tangibles, no debemos apartarnos de ellas, pues estamos atesorando riquezas espirituales. Éste es el único bien que verdaderamente poseeremos después de la muerte; el resto se nos quitará de las manos: “ cuando el cordón de plata se rompa, y se quiebre la ampolla de oro “ (Eclesiastés 12,6).
Cada pensamiento, cada sentimiento, cada deseo, cada acto tiene la propiedad de atraer los elementos etéreos y materiales que le corresponden y le son afines. Nuestros deseos, pensamientos, sentimientos, actos desinteresados y luminosos, atraerán partículas de materia más pura y celeste, que penetrará y se instalará en nuestro organismo, expulsando al mismo tiempo todas las viejas partículas oscuras, mortecinas y malolientes. Así, de esta manera, estaremos regenerando todas las “envolturas” que rodean a nuestro Ser Interno.
Permitiendo que el influjo del Fuego Divino a través de Nuestra Señora, descienda sobre nuestro Caos interior, haciendo nuestra tierra: “Santa”. Algunos se dirán: “Pero, ¿por qué preocuparse por unos resultados espirituales que no transcenderán más allá de nuestra muerte? ¿Vale realmente la pena?” Si, pues en realidad es el único trabajo cuyos resultados son definitivos. Es decir, tras la muerte, estas serán las únicas riquezas que nos llevaremos gracias a nuestro esfuerzo. Y para aquellos que admiten la teoría de la reencarnación (*), diremos que este estado es lo que el Centro Divino trae de nuevo en el momento de la concepción, desde la gestación, la materia del cuerpo físico y sus envolturas etéricas, que componen y forman la “ampolla de oro”, será modelada y formada exactamente de acuerdo a las cualidades y virtudes que hayamos adquirido en la actual encarnación.
Tu mihi, Christe, columba poten,
Sanguine pasta cui cedit avis.
“Tú eres para mí, oh Cristo, la poderosa paloma
que hace que ceda el ave saciada de sangre”
(*) No entendemos la reencarnación en el sentido de una nueva encarnación de la individualidad, o “ego”, pues creemos que no es posible en este sentido para lo psíquico o astral, sino en cuanto a núcleo divino.
jueves, 4 de septiembre de 2008
EL MISTERIO DE LOS TEMPLARIOS
Ricardo Polo
Tan rápida ha sido la evolución de la tecnología, que para cualquier ciudadano de este planeta mal llamado Tierra (1), la concienciación sobre ese esfuerzo y el salto de la inteligencia que ello implica, no solo le han robado el asombro, sino que son débiles las posibilidades de comprensión para la suma de los conocimientos. Hoy, quienes se han burlado del lenguaje de los Alquimistas, deben desviar sus ojos, avergonzados. Cualquier individuo sin la correspondiente formación, podría burlarse, con la misma estupidez, del lenguaje que utilizan los técnicos en informática. Y si no, tómese el trabajo de ojear un libro sobre ella. En síntesis, frente a los nuevos conocimientos y la necesidad de correr con su misma velocidad, el peligro de este nómada de la inteligencia, es convertirse en sedentario de la mediocridad.
¿Por qué decimos estas cosas? Porque ha ocurrido en muchas etapas de la historia del Hombre, que solo la espiritualidad y las normas éticas y morales pudieron llevarlo a consolidar sus conocimientos y descubrimientos. Y no a investigar por la investigación misma (2). Muchos son los interrogantes que surgen sobre esos extraños ciclos en los que la humanidad cae en la mediocridad o en "las sombras"... Tiempos de confusión en los que caemos, sin rumbo y sin objetivos...
Sin embargo, cíclicamente surgen estadios en los que como el Ave Fénix, la humanidad retoma la Luz, emprende nuevamente el camino y alcanza momentos de altura intelectual, ética y moral y desarrolla toda la fuerza que subyace en el espíritu creativo de su condición... Uno de esos estadios ha sido sin duda alguna el impreso por La Orden del Temple, es decir, por los templarios, cuyo drama y misterio intentaré ofrecerles. LA ORDEN Tal vez la clave para conocer a los templarios, esté en la Abadía de Clairvaux, fundada por San Bernardo, creador de la Orden del Temple. Hombre santo, sabio y extraño.
El primer deber del templario era "Liberar". Tres hombres claves en su génesis fueron Hugo de Payns, Hugo de Champaña y Bernardo de Clairvaux. El primero de ellos fundador oficial y Primer Gran Maestro de la Orden. Participó en la Primera Cruzada y su amistad con Godofredo de Buillón, sus hermanos Balduino y Eustaquio de Boulogne, su primo Balduino de Bourg -que sería luego Balduino II Rey de Jerusalem- tal vez haya sido la razón que les permitió "hallar" en la Ciudad Santa, aquello que por mandato de San Bernardo buscaron en las ruinas del Templo de Salomón...
EL ARCA DE LA ALIANZA
¿No eran 9 los Levitas que custodiaban el Arca de la Alianza? Así lo dice el Talmud. Nueve fueron los caballeros que en 1118 dirigidos por Hugo de Payns, se presentaron al Rey Balduino II, recién coronado, expresándole su deseo de "asegurar la custodia de la ruta" de los peregrinos de Jaffa a Jerusalén. Digamos, además, que con estos caballeros "temerosos de Dios", se hallaba Andrés de Monthard, tío de San Bernardo, al que luego se unió Hugo de Champaña, tal vez la pieza clave del misterio templario.
HUGO DE CHAMPAÑA
Hugo de Champaña no participó de la Primera Cruzada. Parece ser que estuvo en Jerusalén entre 1104 y 1105, regresando en 1108. Pero algo muy importante y misterioso llevó a Francia en 1105, entregándolo al Abad de Citeaux, Esteban de Harding. Ese algo, se sabe, fueron textos hebreos que el Abad ordenó estudiar en su monasterio. Para profundizar mas en los textos, al parecer sagrados, Harding se hizo ayudar por los sabios rabinos de la Alta Borgoña. La revelación que Hugo de Champaña hace al Abad de Citeaux y que lleva a este a preparar a todos los monjes de su monasterio, seguramente tiene algo que ver con el viaje de Hugo a Tierra Santa en 1115... Es posible, porque a su regreso (en lo que se supone fue un viaje de "verificación") Bernardo de Fontaine*, joven monje a quien Esteban Harding confía la Abadía de Clairvaux junto con doce discípulos cuidadosamente seleccionados, comenzará a manejar lo que los investigadores afirman que fue "un nuevo renacimiento histórico de la humanidad..."
"Mientras tanto, Payns está en Jerusalén. En 1125 Hugo de Champaña repudia a su mujer, reniega de su hijo, renuncia a su condado y va a reunirse con los nueve caballeros que "residen en el emplazamiento de las ruinas del Templo de Salomón", desde 1118.
Esta conducta perfila, no cabe duda, la verdadera labor que realizan en Jerusalén los nueve caballeros y que no es, precisamente, la de "custodiar caminos". Tal vez y sin audacia, podemos pensar que ellos estaban allí buscando algo misterioso y trascendente, que la leyenda dice que bien pudo ser "el Santo Grial" o el más atinado "hallar el Arca de la Alianza y verificar su contenido".
miércoles, 3 de septiembre de 2008
martes, 2 de septiembre de 2008
LA SAGRADA COPA
Antonio Galera Gracia (De su próximo libro "El evangelio de la hermana de Jesús")
Quienes de vosotros hayáis seguido y querido saber con certeza el génesis de la Copa que Jesús de Nazaret usó en su última celebración de la Pascua acompañado de sus discípulos, se habrán encontrado, la mayoría de las veces, con abundantes hipótesis y complejas argumentaciones. Sobre el mito del Grial se han derramado chorros y chorros de tinta. Unos dicen que apareció en este mundo de la mano de fulano; otros que fue bajado del cielo para aprisionar al diablo...
Desde este artículo, que por razones obvias no voy a poder extenderme todo lo que yo quisiera para daros mis precisiones sobre tan importante asunto, voy a tratar de explicaros esta porfiada interrogación a partir de mis modestas investigaciones. Jesús de Nazaret asignó a cada uno de sus discípulos una misión en la tierra. Y a todo les encargó que mientras cumplían con el servicio encomendado, que no tomaran para el camino ni báculo, ni pan, ni dinero, ni alforja... (Mt. 10, 9-11.); (Lc. 9, 3-4.); (Mc. 6, 8-9.) Acabado de leer lo que antecede, enseguida pensamos que Jesús designó las mencionadas misiones solamente a doce discípulos, a los que ya todos conocemos sobradamente. En los Evangelios canónicos, después de ser traducidos y retraducidos, Marcos nos dice que llamando a sí a los doce, comenzó a enviarlos de dos en dos... (Mc. 6, 7.); Mateo nos dice que a estos doce los envió Jesús, haciéndoles las siguientes recomendaciones... (Mt. 10, 5.); Pero, cuando llegamos a Lucas, podemos observar que quienes al traducir y retraducir quisieron sostener el nombre de los doce como únicos discípulos, como humanos que eran, algo se les escapó. Y así nos enteramos por la pluma de Lucas que después de estos, designó Jesús a otros setenta y dos y los envió de dos en dos... (Lc. 10, 1.) Leyendo los evangelios apócrifos, a poco que ahondemos en ellos, podremos darnos cuenta que José de Arimatea fue discípulo de Jesús, que estuvo entre esos setenta y dos más doce.
Y que como la mayoría de los discípulos que lo amaban, también él escribió su evangelio para recordarlo y para dar a conocer los muchos prodigios que obró. Pero cuando llegamos a esta evidencia, nuestra pregunta es la siguiente: ¿Si Jesús de Nazaret designó a cada uno de sus discípulos un cometido para que lo llevasen a cabo mientras vivieran en este mundo, qué misión le encomendó a José de Arimatea? Este encargo debió de ser muy secreto. Y, según se puede deducir de los escritos, tuvo que ser un encargo solamente conocido por Jesús y por el mismo José, pues si reparamos en los Evangelios, cada vez que se habla de José de Arimatea, se hace de una manera distante o de una forma secreta. Y os voy a poner un ejemplo. Todos sabemos, o por lo menos para nadie es ya un secreto, que Jesús celebró su última cena en la casa de José de Arimatea. Y sin embargo, los tres evangelistas sinópticos, coinciden en silenciar ese nombre. Y aquí sí que puedo decir que los traductores y retraductores no tienen culpa de ello porque yo pude leer estos Evangelios en su lengua original y no difieren mucho de los canónicos. Llegado el día de Ácimos, el día en que se sacrifica la Pascua, los discípulos de Jesús estaban inquietos porque no sabían donde iban a celebrarla. Marcos nos dice: «El día primero de los Ácimos, cuando se sacrificaba la Pascua, dijéronle los discípulos: ¿Dónde quieres que vayamos para que preparemos la Pascua y la comamos?
Envió a dos de sus discípulos y les dijo: Id a la ciudad, y os saldrá al encuentro un hombre con un cántaro de agua; seguidle, y donde él entrare, decid al dueño: El Maestro dice: ¿dónde está el departamento, en que pueda comer la Pascua con sus discípulos? Él os mostrará una sala alta, grande, alfombrada, pronta. Allí haréis los preparativos para nosotros...» (Mc. 14, 12-16.) Lucas nos dice: «Llegó, pues, el día de los Ácimos, en que habían de sacrificar la Pascua, y envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id y prepararnos la Pascua para que la comamos. Ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que la preparemos? Díjoles él: En entrando en la ciudad, os saldrá al encuentro un hombre con un cántaro de agua: seguidle hasta la casa en que entre y decid al amo de la casa en que entre: El Maestro te dice: ¿Dónde está la sala en que he de comer la Pascua con mis discípulos? Él os mostrará una sala grande, aderezada; preparadla allí... (Lc. 22, 7-13.) Mateo nos dice: «El día primero de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le dijeron: ¿Dónde quieres que preparemos para comer la Pascua? Él les dijo: Id a la ciudad a la casa de Fulano y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está próximo; quiero celebrar en tu casa la Pascua con mis discípulos...» (Mt. 26, 17-19.)
Los tres testimonios coinciden cuando escriben: «El Maestro dice». Dando a entender que quien recibe el mensaje era un discípulo del Maestro, pues de otra forma la persona a quien iba dirigido el mensaje no hubiera sabido quien mandaba al mensajero a menos que hubieran dado su nombre. Y por otra parte, vemos como entre el Maestro y el discípulo, había un acuerdo tácito: «Él os mostrará una sala grande, alta, alfombrada...» Las declaraciones de Marcos y de Lucas son propias de una novela de espías o, como mínimo, de una película de misterio; las de Mateo, sin embargo, nos dan a entender que sabe el nombre pero que no quiere o que le esta vedado el decirlo, y le da el seudónimo de: Fulano. Para escribir mi último libro, que será publicado a principios del mes de marzo, y que llevará por título: «El evangelio de la hermana de Jesús», he tenido que examinar numerosos evangelios para tratar de construir la verdadera historia de un hombre que vivió para hacer el bien y murió por desaprobar las riquezas de la iglesia y por defender a los pobres y a los desposeídos de este mundo.
Y por ellos pude saber que José de Arimatea puso mucho interés en quedarse con el cuerpo de Jesús, una vez que éste hubiese sido ejecutado. En el evangelio de Pedro, podemos leer: «Se encontraba allí a la sazón José de Arimatea, el amigo de Pilato y del Señor. Y, sabiendo que iban a crucificarle, se llegó a Pilato en demanda del cuerpo del Señor para darle sepultura en su huerto. Pilato se lo comunicó a Herodes, y Herodes le dijo: “Hermano Pilato: aun dado caso que nadie lo hubiera reclamado, nosotros mismos le hubiéramos dado sepultura, pues está echándose el sábado encima y está escrito en la ley que el sol no debe ponerse sobre un ajusticiado”». Lo que os quiero manifestar a continuación, y que es el eje de este artículo, lo voy a descubrir trayendo un trocito del libro cuyo contenido, como ya os he dicho antes, ha sido documentado mediante la lectura de abundantes documentos antiguos. En el capítulo VIII, que trata de la prisión y muerte de Jesús, decimos lo siguiente: «Cuando llegamos a la cueva que iba a servir de tumba a mi hermano Jesús, José de Arimatea nos rogó que esperásemos un momento antes de comenzar a lavar el cadáver. Se marchó hacia su casa, que distaba de la cueva unos cuarenta o cincuenta metros, y regresó con la copa que mi hermano había usado para beber cuando el día anterior habíamos celebrado en su vivienda la Pascua. Traía también, bajo el brazo, una blanca y limpia sábana que dejó sobre una silla. Acto seguido, puso el canto de la vasija bajo la enorme herida del costado del cadáver y tomó de ella un reguero de sangre que todavía estaba fresca.
Después limpió cuidadosamente el borde del recipiente con esmerado cuidado y lo guardó en un pequeño armario que la cueva poseía para almacenar recuerdos de los seres enterrados. »José de Arimatea era hombre religioso y sabía que en el Levítico Yavé nos dice que la vida de la carne es la sangre, y que hay que ponerla sobre el altar o cerca del hipogeo para resucitar nuestros cuerpos...» Que cada uno de vosotros saque sus propias conclusiones sobre lo que aquí hemos expuesto. Yo, no obstante, os puedo decir que el Santo Grial, portador de la Sangre del Hijo de Dios, existe, y que se encuentra muy cerca de nosotros; el Santo Grial dentro de nosotros está. El Santo Grial es la sangre misma del Padre derramada por el Hijo... Sangre que quedó en la copa y copa que quedó en la tierra para dar virtud a nuestra carne y para resucitar nuestros cuerpos... Jesús así nos lo hizo saber. Él nos dejó bien claro que optar por un Dios donador de libertad y cercano al hombre es arriesgado y costoso.
Él mismo selló ese compromiso con su propia sangre. Pero antes de morir nos dejó bien claro que optar por un Dios cercano al hombre, no es una decisión que otros puedan poner en tu entendimiento, que ni siquiera aquellos que se hacen llamar a sí mismos intermediarios de Dios pueden manipular nuestra voluntad, que a Dios tampoco se llega matando ni despreciando a quien no cree en Él, ni que tampoco se puede adquirir a fuerza de guerras y de matanzas, sino que es algo que brota de lo más hondo de uno mismo cuando descubre que la sangre de Dios no está en el cielo porque si así fuera los pájaros nos tomarían la delantera, ni está en el mar porque si así fuera los peces nos tomarían la delantera, sino que la sangre de Dios está dentro del corazón del hombre, que la sangre de Dios forma parte de la estructura del hombre, que la sangre de Dios está, definitivamente, tan metido en el hombre, que allí donde esté el hombre estará siempre Dios...
Porque Dios es el fruto de la experiencia de dejarse poseer por Él, no del querer poseerlo ni manipularlo.
Antonio Galera Gracia
