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viernes, 22 de mayo de 2009

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La Luz de Cristo

La Luz de Cristo
Moment of Christ - The Path of Meditation -
John Main,OSB


Estas son las palabras del Evangelio de San Juan:

“- Si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos; y
conocerán la verdad, y la verdad los hará libres”. (Juan 8: 31-2)

La meditación se puede describir como un camino hacia la verdad. La traducción en
Griego de la palabra verdad es aletheia, que viene de a-lethes, que quiere decir algo
que no está escondido. Entonces, aletheia significa que la verdad es algo que se nos
revela. Hoy quiero hablarles un poquito de la meditación como un camino a la
revelación.

Como bien lo sabemos, cuando empezamos a meditar lo hacemos con mucha
confusión en nuestro alrededor. Ni siquiera entendemos porqué estamos meditando.
Casi todos comenzamos con cierta duda. Sabemos de ello e iniciamos pero no muy
convencidos. Pero poco a poco empieza a aparecer un rayo de luz. Esto nos llama la
atención y vemos que puede haber algo interesante. La oscuridad persiste, pero
vemos ese rayito de luz. Cuando esto ocurre, entonces damos el paso para empezar
a meditar seriamente – no medio convencido, sino con todo tu corazón. Esto significa
el poder encontrar el tiempo en la mañana y en la noche para este camino de
revelación. Es esto lo primero que hacemos.

El segundo paso es empezar a comprometerte contigo mismo (y esto toma tiempo
pues debes ser paciente contigo mismo) para entonces repetir el mantra durante todo
el tiempo de tu meditación. No te desilusiones si comienzas lentamente. Nos puede
tomar hasta 4 o 5 años lograr esto. Pero lo que vas a descubrir por tu propia
perseverancia es que al repetir el mantra es como haber encontrado una manera
suave de gradualmente disipar la oscuridad.

Imagina por un momento un vestíbulo grande y oscuro. Cada vez que repites tu
mantra es como si fueras encendiendo una pequeña vela. A veces nos parece que
cuando acabamos de encender una vela, hay otra que se apaga. Pero muy
gradualmente te vas dando cuenta que el vestíbulo está lleno de luz. La maravilla de la
meditación es que la revelación ha sido conquistada por la luz y que Jesús es la luz
universal de nuestra experiencia. Todo y cada uno se llena y se ilumina con esta luz.

Esta es una visión diferente de la visión pagana de las cosas. Puede que conozcas la
historia de Beowulf, cuando están los comensales en un banquete y de repente entra
brevemente un pájaro por la ventana y luego se sale otra vez a la oscuridad. Los
comensales cuando ven al pájaro salir dicen: “Así es la vida humana. Salimos
brevemente de la oscuridad hacia la luz de la revelación y luego regresamos a la
oscuridad”.

Ahora bien, en la visión proclamada por Jesús la condición humana tiene una visión
completamente diferente a la pagana. Para nosotros, el lugar del banquete es nuestro
corazón, y es ahí donde está la oscuridad cuando iniciamos. Pero por la disciplina de
nuestro compromiso diario, que es un compromiso hacia la luz, a pesar de nuestra
debilidad, a pesar de nuestro poco convencimiento, entonces vamos encontrando
esa luz interna que también está fuera de nosotros. La maravilla de la proclamación
del Evangelio de Jesús es que todo y todos, adentro y afuera, todo está iluminado por
la gracia universal. Esto es el poder de la cruz. Esto es el poder de la resurrección de
Cristo. El amanecer universal ha ocurrido, y nuestro compromiso es a esa
iluminación, a esa verdad y a esa revelación. Hemos utilizado la metáfora de la luz.
¿Qué significa la luz en nuestra aceptación de la revelación de Jesús?

La luz es nada menos que la conciencia misma de Jesús. No creo que sea un error
decir que cuando lo buscamos, siempre lo buscamos en el lugar erróneo pues para
muchos Cristianos tendemos a buscar un objeto de conocimiento distinto de
nosotros. Pero la verdad es que ya hemos encontrado a Cristo. Lo hemos encontrado
cuando tomamos conciencia, cuando sabemos totalmente, que lo que El logró para
nosotros es que nosotros podemos ver a través de su visión. Podemos ver con su
conciencia. Podemos comprender con su comprensión, pues su invitación para
nosotros es que debemos estar unidos con El, debemos ser uno con El. No es verdad
que El está sólo dentro o sólo fuera de nosotros. El está tanto dentro como fuera de
nosotros, y su iluminación nos ilumina e ilumina a toda la creación. El reto para
nosotros, y el gran reto para nuestra fe, es que este misterio está a nuestro alcance.
No es tan difícil para nosotros como lo parece, pues podemos íntima y
poderosamente encontrarlo cuando nos olvidamos de nosotros mismos. Lo que
debemos aprender en nuestra meditación es que cuando renunciamos a nuestra auto-
conciencia, nos abrimos a la conciencia total tanto con El como en El, con su propio
auto-conocimiento.

¿Cómo renunciamos a nuestra auto-conciencia? Es muy sencillo y muy práctico. La
herramienta sencilla que debemos de usar es simplemente dejar de pensar en
nosotros. Por esta razón debemos de aprender a decir el mantra. Cuando
aprendemos a decirla en total atención, con un corazón íntegro, estamos en el camino
de lo que Jesús nos invita que es ser uno con El así como El es con su Padre. En esa
unión nos liberamos y nos liberamos por la misma revelación de Jesús, pues lo que El
nos revela es la gloria, la maravilla y el amor del Padre. Con esta idea, veamos lo que
dice San Juan otra vez:

“El que me envió está conmigo; no me ha dejado solo, porque siempre hago lo que le
agrada. Si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos; y
conocerán la verdad, y la verdad los hará libres. Así que si el Hijo los libera, serán
ustedes verdaderamente libres”. (Juan 8: 29, 31-2, 36).

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domingo, 17 de mayo de 2009

LECCION NO. 30 Las etapas del viaje (2)

LECCION NO. 30
Las etapas del viaje (2)
Como hemos visto la Meditación nos lleva a tener una mayor conciencia de nuestros
condicionamientos y por tanto al auto conocimiento y finalmente a la libertad
Una forma útil de entrar al silencio es recordar que todos nuestros pensamientos son
pensamientos acerca del pasado o del futuro. Necesitamos abandonar esos pensamientos
y permanecer en el momento presente, pero como todos sabemos por experiencia, es más
fácil decirlo que hacerlo. En la Meditación Cristiana el mantra es nuestra forma de
permanecer en el momento presente, completamente concentrados y concientes.

Recuerdo que años atrás apareció una publicidad para la meditación. En un poster se podía
ver a un gurú indio vestido en forma típica, parado sobre su tabla de surf, en perfecto
equilibrio y montando las olas. Debajo se leía la frase: “No puedes parar las olas, pero
puedes aprender a surfear”. El mantra es nuestra tabla de surf. No puedes suprimir ni
deshacerte de tus pensamientos, estarán allí, como las olas. Acéptalos como la parte tuya
que son y móntalos con destreza. A veces te caes de tu tabla, pero te trepas a ella
nuevamente. Como dice Samuel Becket: “No importa que trates y falles, intenta de nuevo,
entra al silencio".

En esta etapa, cuando entramos al silencio, es importante recordar que nuestro yo
condicionado, el “ego”, no quiere que nos salgamos de su esfera de influencia, quiere
mantenernos en la superficie. Nos anima a identificarnos con esos pensamientos,
emociones, máscaras y roles. No quiere que nos pongamos en contacto con las partes más
profundas de nuestra conciencia, porque ha depositado allí en el primer nivel, todas las
experiencias que amenazaron nuestra supervivencia y no quiere que nos encarguemos de
ninguna de ellas.

Por cierto, necesitamos al ego, el instinto de supervivencia, pero a veces es como un padre
sobre protector, queriendo mantener sus hijos sanos y cercanos, no permitiéndoles
desarrollarse y aprender en forma independiente. Entrar al silencio es, al principio como
abandonar el hogar, para así llegar a nuestro verdadero hogar.

¿Qué hace el ego cuando nos zambullimos en el silencio? Frecuentemente aumenta
nuestros pensamientos. Sin embargo, cuando podemos surfearlos y entrar en el silencio, el
ego nos anima para que abandonemos el mantra. Podemos convencernos que el mantra
acrecienta la paz. Si escuchamos la voz de nuestro ego y abandonamos nuestra tabla de
surf, solo flotamos (o nos hundimos!) en la “pax perniciosa” o el “sagrado flotar”, y así el
ego ha triunfado obstaculizando nuestro progreso. Si esto falla, el ego puede preguntarnos:
“No es aburrido, simplemente repetir una palabra? Qué estafa!” Si después de eso todavía
estamos meditando, podría intentar algo diferente, impulsándonos a preguntarnos: “¿Estoy
seguro que este es el método correcto o el mantra correcto?" Nuevamente el ego se está
asegurando que no vayas a ninguna parte! El único camino es perseverar, es meditar
fielmente a pesar de las distracciones.

jueves, 14 de mayo de 2009

El Sencillo Gozo de la Verdad

El Sencillo Gozo de la Verdad
Moment of Christ - The Path of Meditation -
John Main,OSB

Santo Tomás de Aquino dice que ´la contemplación consiste en sencillamente gozar
la verdad´. Sencillamente gozar! Ahora bien, es verdad que pensar, analizar,
comparar y contrastar tiene su lugar y espacio en las diferentes disciplinas,
incluyendo la teología. Pero la contemplación, desde el punto de vista de Santo
Tomás de Aquino, o en la meditación, como nosotros le llamamos, no es el momento
para pensar, analizar, comparar o contrastar. La meditación es el tiempo para ser.
Sencillamente gozar. Y la sencillez a la que se refiere Santo Tomás se refiere a la de
la unión, a la unidad.

El reto para los hombres y mujeres de este siglo es que vivimos una era de intensa
actividad, y parece ser que para poder estar conformes o satisfechos con nuestros
problemas o dificultades, entonces debemos hacer algo. Me decía un amigo que se
había encontrado a alguien en un hotel y los dos hablaban de los problemas de la
vida. Uno le decía al otro: ´Mira, si quieres resolver los problemas de tu vida, debes
tomar el curso que estoy tomando´. Mi amigo entonces le preguntó: ´¿Y cuánto
tiempo toma?´ El otro le responde: ´Diez días´. Luego le describió el curso así como
las diferentes técnicas que se requieren para activar la satisfacción personal.
Nuestra sociedad está llena de este tipo de recursos – cómo ganar amigos o cómo
influenciar a la gente. Todos estos cursos están llenos de ejercicios,
procedimientos, cuestionarios para llenar, perfiles que elaborar y así
sucesivamente. Hay algunos cursos que consisten en técnicas exhaustivas en que
se restringen los alimentos a los participantes, anunciándoles que pronto va a ser la
hora de la comida, que nunca llega. (De hecho el curso que me describía mi amigo
no terminaba sino hasta las 4 de la mañana!).

Así que todos estos cursos, que abundan en nuestra sociedad, tienen mucho
contenido, requieren de mucha participación y actividad. No hay duda de que
algunos de estos cursos tienen su lugar. Pero hay una historia del islamismo que
debemos conocer antes de abordar estos cursos. Se trata de un hombre en un
pueblo que está buscando su llave pues la había perdido. El la buscaba bajo el faro
de una calle. Pasa entonces una persona y le pregunta que qué busca. El otro le
responde que está buscando su llave. El que pasaba por ahí le ayuda a tratar de
encontrarla, pero sin éxito. Finalmente el que pasaba por ahí le pregunta que en qué
parte se le había caído. El otro le responde que como a 50 yardas de donde estaban.
El que pasaba entonces le pregunta porqué entonces busca la llave ahí? Y el otro
responde: "Bueno, es porque aquí hay más luz".

Esto me hace pensar que somos como ese hombre, buscamos la llave donde hay
más luz. Creo que todo mundo en nuestra sociedad, en cierto grado, está buscando
la llave del misterio de la vida a través de ciertas técnicas y procedimientos
conocidos y no hay duda de que estos tengan su valor. Pero la búsqueda que
estamos haciendo va más allá que cualquier actividad. No es cuestión de asimilar
más conocimientos. De hecho, se trata de renunciar, de despojarnos. No es una
búsqueda, estrictamente hablando. No estamos buscando a Dios como si El se
hubiera perdido. Sabemos que El ahí es y está, y que El es ahora. Sabemos que El
está presente en este espacio, en este momento. Y el camino de la meditación que
estamos siguiendo es simplemente el estar abiertos a lo que es, a la esencia de Dios
y a la esencia de nuestra creación. Esta apertura requiere que estemos abiertos al
ahora, al aquí, y que pongamos toda nuestra atención desde la base de nuestro ser.
Este es el reto de la meditación Cristiana. De cierta forma debemos abandonar el
faro de la calle que nos es familiar y debemos ir a donde la luz no es tan clara o mas
bien debemos entrar a la oscuridad. El aprender a decir nuestro mantra es el
compromiso que nos lleva a encontrar la luz dentro de nosotros mismos.

Santo Tomás habla de sencillamente gozar de la verdad. El mantra es la llave para
esa sencillez. El mantra es de hecho el principio para esa sencillez pura. Es el
renunciar definitivamente a todo lo complejo. Requerimos solo una palabra.
Requerimos la fe de un niño para decir esa palabra. La verdad a la que se refiere
Santo Tomás, es la única verdad que existe. Es la Verdad que también es el Camino
y es el Camino que es la Verdad.

La meditación es sencillamente gozar el Camino. Es sencillamente gozar la vida.
Cuando meditamos es como si nos viéramos reducidos en nuestro ser esencial. En
ese proceso de reducción nos hacemos tan pequeños que entonces podremos
entrar por el ojo de la aguja. La meditación nos enseña a ser humildes, y al hacernos
pequeños, entramos a la vida, a la vida ilimitada. Aplica esto en la enseñanza del
Evangelio de San Juan:

´...Pero se acerca la hora, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores
rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean
los que le adoren. Dios es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y
en verdad´ (Juan 4:23-24).

La meditación es hacer contacto total con tu propio espíritu, total contacto con la
verdad. Recuerda el Camino: Repite tu mantra de principio a fin. Medita cada
mañana y cada noche en total lealtad, sencillez y humildad. La contemplación
consiste en sencillamente gozar la verdad.

martes, 12 de mayo de 2009

LECCION NO. 29 Las etapas del viaje (1) “La meditación es una manera de salir de un mundo de ilusión a la pura luz de la realidad”.

LECCION NO. 29
Las etapas del viaje (1)
“La meditación es una manera de salir de un mundo de ilusión a la pura luz de la realidad”.
(John Main)

El mundo de ilusión al que John Main se refiere en esta afirmación es el mundo que
construimos con nuestros pensamientos. Muchos de nosotros equiparamos quienes
nosotros, la imagen que tenemos de los otros, y el mundo en que vivimos está hecho de
pensamientos: nuestros propios pensamientos y con frecuencia, los pensamientos de
otras personas, que hemos hecho nuestros, sin siquiera pensarlo. Desde que nacemos
aceptamos sin dudar las opiniones de aquellos que son significativos en nuestra vida:
nuestros padres, nuestros hermanos, nuestra familia, nuestra comunidad, nuestros
compañeros, la sociedad en la que vivimos, la religión y la cultura donde hemos crecido.
Formamos nuestra visión de la realidad basados en los puntos de vista de otros en un
intento de integrarnos, ser aceptados, amados y respetados. En otras palabras llevados por
nuestra necesidad de sobrevivir adoptamos las opiniones de los otros y adoptamos los
roles y actitudes que se esperan de nosotros. Con frecuencia, al hacerlo olvidamos quienes
somos realmente y quedamos aprisionados por todo este condicionamiento.

A medida que crecemos, algunos de nosotros tenemos la confianza necesaria para
desafiar y examinar estos pensamientos y opiniones. Sentimos el impulso irrefrenable de
descubrir quienes somos realmente debajo de todos los condicionamientos, máscaras,
roles y funciones. Pero “salir” no es fácil, dice John Main. El hecho de que estamos
dominados por los pensamientos puede descubrirse en el momento que comenzamos a
meditar. Nos damos cuenta de lo que John Main describió como “el caótico fragor de una
mente devastada por tanta exposición a las trivialidades y a la distracción”, mientras que el
padre Laurence se refiere al “nivel de distracción de la mente del mono”.

Sin embargo, nos es difícil abandonar nuestros pensamientos, ya que hemos sido
educados en la creencia de que el pensamiento es la actividad más elevada de la que nos
podemos ocupa. Descartes dijo en el siglo 17: “Pienso, luego existo”, y al hacerlo unió la
existencia con el pensamiento. T S Eliot lo ilustra en su “Four Quartets” (Cuatro Cuartetas),
en las que la gente sentada en un tren subterraneo, atascados en un tunel, sienten que se
enfrentan con “el creciente terror de no tener nada en que pensar”. El no pensar es
percibido como una amenaza a nuestra supervivencia. No es de extrañar que la gente se
sienta temerosa cuando se enfrenta con una disciplina como la meditación que promueve
abandonar los pensamientos. Las etapas en el viaje de la meditación, nuestro “salir” son
por lo tanto nuestras relaciones cambiantes con nuestros pensamientos.

“Salir”, requiere de coraje y constancia en la meditación, pero nos guiará a la “pura luz de la
realidad”, donde recordamos y experimentamos que somos “hijos de Dios”, “templos del
Espíritu Santo”, y que “la conciencia que estaba en Cristo está también en nosotros”

jueves, 7 de mayo de 2009

El Único Centro

El Único Centro
Moment of Christ - The
Path of Meditation -
John Main,OSB

Es importante tener frente a nosotros una idea general de lo que es la meditación. Para
algunos de ustedes que ya han estado meditando por algún tiempo, este mensaje es
como un repaso. Para aquellos que van a comenzar a meditar, este mensaje es una
introducción.

Básicamente, la meditación es un camino para llegar a nuestro centro, el fundamento
de nuestro ser, y permanecer ahí – en quietud, en silencio y en atención. Esencialmente
la meditación es una forma de aprender a estar despiertos, totalmente vivos, pero
quietos. Es la quietud de la meditación que nos lleva hacia ese estado de estar
despiertos y a ese sentido de estar totalmente vivos, y que nos permite, primero estar
en armonía con nosotros mismos, y gradualmente en armonía con toda la creación. La
experiencia de la meditación te pone en resonancia con la vida. Pero para poder tener
esa resonancia, es necesario estar despiertos en el silencio y en la quietud.

Este es un gran reto para la gente de hoy en día, porque la mayoría de nosotros
tenemos poca experiencia con el silencio ya que el silencio puede ser terriblemente
amenazador para la gente en la cultura transitoria en la que vivimos. Debes
acostumbrarte a ese silencio. Esta es la razón por lo que el camino de la meditación es
un camino para aprender a decir tu palabra interiormente, en tu corazón. El propósito
de repetir la palabra es lanzarte al silencio. Entonces, renuncia a todo tipo de ideas
materialistas como cuánto tiempo te tomará. Puede ser 20 años. Pero eso no importa.
Puede ser 20 minutos. Tampoco importa. Lo único que importa es que vayas en camino
a re-establecer contacto con tu centro. El magnífico descubrimiento que hacemos
cuando vamos por este camino hacia nuestro centro, es que el centro está en todos
lados, y que la meditación es la manera de insertarnos en nuestro propio centro. Si
estamos arraigados en nosotros mismos, podemos entonces encontrar nuestro lugar
en el universo y al encontrar el centro del universo, encontramos a Dios.

La persona verdaderamente espiritual es aquella que está solidamente arraigada en sí
misma a tal punto que está en armonía con todo y con todos. El gran propósito de este
camino es el poder entrar a una armonía profunda contigo mismo, con los otros, con el
universo y con Dios. Permíteme recordarte de nuevo. El camino de la meditación es un
camino de mucha sencillez. Debes aprender a repetir tu palabra: “Maranatha”. Es
difícil porque esto no es sabiduría convencional. La mayoría de la gente piensa que la
sabiduría consiste en ser más complejos y mientras más raras sean las ideas que
puedes examinar y manejar, entonces te vuelves más sabio. Si le dices a alguien, ´Me
voy a sentar todas las mañanas y todas las noches y voy a aprender a repetir esta
palabra´ - muchos te dirán: ´Bueno, debes entonces ser un tonto. Seguro que la vida es
mucho más preciosa y el tiempo es precioso para perderlo así, solamente repitiendo
una palabra 30 minutos en la mañana y 30 minutos en la noche. Porqué no haces algo
mejor con tu mente?´

Toma entonces mucha valentía, para cada unos de nosotros, hombres y mujeres del
Siglo XXI, el poder sentarnos y meditar cada mañana y cada noche. Pero es esto lo que
se requiere. Si quieres aprender a meditar, debes entonces tratar de encontrar el
tiempo cada mañana y cada noche, y debes aprender la disciplina y aprender que es
una disciplina real. Esta es una disciplina que te dará una gran estabilidad, una gran
unidad y una gran armonía. La disciplina es la disciplina de repetir la palabra.

Un amigo mío recientemente me envió una caricatura que encontró en el New Yorker.
Era la imagen de dos monjes budistas sentados en la postura de la meditación y uno le
decía suavemente al otro: “Qué creés que pasa después?”. Esto es todo. Es así como
muchos ven la meditación en nuestra sociedad. Otra caricatura que alguien me envió
hace algún tiempo es la de un joven con cabello largo sentado también en la postura de
la meditación y su padre, evidentemente un ejecutivo, les decía a sus amigos: ´No es
maravilloso? Antes de que él adoptara la meditación solo se sentaba todo el día a
hacer nada´. Esto te da una idea del humor del New Yorker y de cómo la gente de
nuestra sociedad ve la meditación.

Pero nosotros debemos abordarla también con cierto humor, no debemos ser
demasiado solemnes sobre esto. Pero de esto se trata, esto se requiere. Si quieres
aprender a meditar debes aprender a sentarte quieto y a decir tu palabra de principio a
fin. Lo que encontrarás, si perseveras, es que después de un tiempo de repetir tu
palabra encontrarás una cierta paz y relajamiento que te puede llevar a la tentación de
decirte: ´Esto es muy bueno. Quiero seguir experimentando esto y por lo tanto voy a
dejar de repetir la palabra – me quedaré solo con la experiencia´. Esta es la ruta rápida
hacia el desastre. No meditas para experimentar la experiencia. Meditas para entrar a
la experiencia. La meditación es llegar a la conciencia e ir más allá de la conciencia de
auto-reflexión. La meditación es aprender a ver fuera de ti mismo, rompiendo el
sistema de auto-conciencia, rompiendo la prisión del ego - y lo hacemos con la
disciplina de decir la palabra.

Cuando repites la palabra, no estás pensando en tus pensamientos. Tampoco estás
analizando lo que te pasa. Estás renunciando a ti mismo. La meditación, en la visión
Cristiana, es simplemente lanzarnos a la infinitud de Dios a través del Espíritu que vive
en nuestro corazón. Es renunciar a nosotros mismos, es lanzarnos a la profundidad.
La gente, a través de la historia, ha encontrado que lo que se requiere es un acto de fe
para renunciar a uno mismo.

Entonces, no compliques tu meditación. En mi humilde opinión, lo menos que leas
sobre la meditación, mejor. Lo menos que hables de la meditación, mejor. Lo que es
real es meditar. La sencilla regla es que te acuerdes de encontrar un lugar tranquilo en
tu casa o donde te encuentres. Siéntate derecho. No te preocupes de técnicas. No es
necesario que te sientes en la posición de loto, pero podría ser de ayuda si lo haces –
vale la pena aprenderlo. Pero lo importante es sentarte derecho. Lo esencial de la
postura es que la columna vertebral esté lo más derecha posible. Con respecto a
respirar, la regla sencilla es que respires. No te angusties si debes meditar inhalando o
exhalando. Haz las dos cosas! Pero la regla más importante es que digas el mantra,
que digas tu palabra. Y este es el arte de la meditación, aprender a decir tu palabra de
principio a fin.

domingo, 3 de mayo de 2009

LECCION NO. 28 ¿Porqué meditamos?

La meditación con su foco de atención, ya sea en la respiración, en el movimiento o en
nuestro caso en el mantra, es un método de relajación científicamente comprobado tanto
para la mente como para el cuerpo.

Simplemente prestando atención a nuestra palabra, nuestra respiración y nuestro ritmo
cardíaco se desaceleran por sí solos y calman a nuestro nervioso cuerpo. A medida que
nuestra respiración se hace más lenta, lo mismo pasa con nuestros pensamientos. La
respiración es el puente entre nuestro cuerpo y nuestra mente.

John Main dijo: “Tu respiración debe ser calma y normal. Permite que cada músculo de tu
cuerpo se relaje. Y luego acomoda tu mente a tu cuerpo. El verdadero trabajo de la
meditación es lograr la armonía entre el cuerpo, la mente y el espíritu”.

Luego al aceptar la naturaleza inquieta de nuestra mente, y al repetir nuestra palabra
amorosamente y con fe, a pesar de todo, los pensamientos y las imágenes se esfumarán
lentamente en un segundo plano.

Es perfectamente posible usar la meditación solamente por sus beneficios para la salud
como una técnica de relajación para el cuerpo y la mente y parar allí. Es hermoso parar el
interminable parloteo de la mente y soltar el estrés y la tensión. Sería fabuloso tomarse un
descanso de las preocupaciones, ansiedades, esperanzas y miedos que generalmente nos
acosan, detener la pérdida de energía de una mente que se mueve en círculos. Pero eso
sería perder una oportunidad, la meditación es mucho más que los efectos psicológicos
que ejerce sobre el cuerpo. Sin embargo los efectos sobre el cuerpo y la mente son un
primer paso importante en el camino hacia la transformación, la claridad de visión y la
conciencia total.

Cuando logramos esta paz y armonía serenando la mente y el cuerpo y prestando total
atención al mantra, podemos percibir el pacífico y armonioso silencio que habita en
nuestros corazones. “Nada describe a Dios tan bien como el Silencio”, dijo Meister Eckhard,
el místico alemán del siglo 14. La meditación es por lo tanto una disciplina espiritual, un
viaje de descubrimiento al centro de nuestro verdadero ser, donde Cristo habita y al mismo
tiempo un viaje de descubrimiento de la presencia de Dios. Una vez que hayamos
descubierto esto impregnará nuestra vida e influirá en todas nuestras acciones.

“El propósito más importante de la Meditación Cristiana es permitir que la misteriosa y
silenciosa presencia de Dios en nuestro interior se convierta cada vez más no en una
realidad sino en la realidad de nuestras vidas, permitir que se convierta en esa realidad que
le da significado a todo lo que hacemos, a todo lo que somos.”