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lunes, 29 de diciembre de 2008

Cartas eruditas

Cartas eruditas

5. Lo que hemos escrito arriba, en orden a los Autores de la acusación, es lo que se halla comúnmente en los Historiadores. Pero dado el caso, que el acusador fuese el que pretende el Abad Fleuri, como queda la acción en un hombre merecedor de la muerte por sus delitos, para el intento viene a ser lo mismo. Un hombre de este carácter repararía poco en levantar horrendos testimonios a toda una Religión, cuando no hallaba otro arbitrio para salvar la vida.

6. Se hace harto inverosímil, que los delitos acumulados a los Templarios fuesen verdaderos. Que todos, en su admisión a la Orden, renegasen de Jesucristo; que escupiesen sobre su Sacrosanta Imagen; que en la misma admisión interviniesen, ciertas ceremonias extremamente ridículas, y torpes; que se practicase por Estatuto la Idolatría; que al Ídolo que adoraban, sacrificasen víctimas humanas; que se permitiese generalmente la torpeza nefanda, son cosas, que sin hacer al entendimiento una gran violencia, no pueden creerse comunes a toda una Religión.

7. A sesenta Caballeros, entre ellos el Gran Maestre, que en distintas ocasiones fueron condenados al fuego, se les ofreció la vida, como confesasen los crímenes, de que eran acusados; pero todos, sin exceptuar ni uno, estuvieron constantes en negarlos; protestando hasta el último momento su inocencia. Esto, cayendo sobre la inverosimilitud de los hechos, sobre la perversidad de los acusadores, y el interés del Rey, en que creyesen los delitos, forma una preocupación extremamente fuerte a favor de los reos.

8. Hace también una fuerza inmensa, el que siendo los delitos tan enormes, tan comunes, y que mucho tiempo anterior se practicaban, no se hubiesen difundido antes al Público. ¿Es posible, que entre tantos, o centenares, o millares de Caballeros, alguno, o algunos, movidos de los remordimientos de la conciencia, no los delatasen a quien debían? Muchos fallecerían separados de sus hermanos, o en algún viaje, o en casas de sus parientes, o amigos. Siquiera a la hora de la muerte algunos de éstos, por librarse de la condenación eterna, ¿no dejarían alguna declaración hecha, con orden de presentarla al Príncipe?

9. Pero lo más decisivo en la materia es, que aunque en todos los Reinos de la Cristiandad se procedió a seria inquisición sobre los delitos de los Templarios, en ninguno, a excepción de Francia, fue conducido Templario alguno al suplicio. Prueba, al parecer clara, de que el apasionado influjo del Rey Felipe era quien los hacía delincuentes. Adonde no se extendía el dominio del Rey de Francia, no parecieron Templarios Apóstatas de la Fe; siendo así que en los Procesos hechos en Francia se pretendía, que el crimen de Apostasía era común a todos, como una condicion, sine qua non, para recibir el Hábito. En España, se examinó el caso con gran madurez. En Salamanca se juntó para este efecto un Concilio, compuesto del Arzobispo de Santiago, y de los Obispos de Lisboa, de la Guardia, de Zamora, de Avila, de Ciudad Rodrigo, de Plasencia, de Astorga, de Mondoñedo, de Tui, y de Lugo. Y después de bien mirada la Causa, todos aquellos Padres, unánimes declararon los Templarios inocentes: De vinctis, atque supplicibus quaestione habita, causaque cognita, pro eorum innocentia, pronunciatum communi Patrum suffragio. (in Collect. Labb. tom. 7, pag. 1320).

10. Es verdad que los delitos de los Templarios se probaron con muchos testigos, y que gran número de los mismos Templarios los confesaron. Pero atendidas las circunstancias, uno, y otro prueba poco. Cuanto a lo primero, ¿quién no echa de ver, que por inocentes que estuviesen los Templarios, interesándose el Rey de Francia en hacerlos delincuentes, no le habían de faltar testigos? Las Historias están llenas de casos semejantes. Siempre que algún Príncipe, por mala voluntad suya, ha querido, que, observando la forma judicial, se castigase como malhechor algún Vasallo inocente, tuvo testigos de sobra para cuantos delitos quiso imputarle. Son casos estos, que a cada página, como he dicho, se encuentran en las Historias.

LECCION NO. 11 EL CAMINO DEL MANTRA

Suena increíble, casi irrealizable cuando recién comenzamos a aprender a meditar, que la
disciplina de repetir esta pequeña palabra, nuestro mantra, pueda ser un profundo camino
espiritual que transforma gradualmente nuestra vida de una manera profunda. Pero es así.
Piensen en la semilla de mostaza a la que se refiere Jesús en el Evangelio, que luego se
transforma en un gigantesco árbol y los pájaros del cielo hacen su nido en él y descansan
en sus ramas. El mantra es exactamente lo mismo. Es una palabra muy cortita, una
pequeña semilla de fe pero nos arraiga por debajo de lo efímero, más allá de las cosas
pasajeras. Nos arraiga en esa realidad eterna a la que llamamos Dios.



El mantra es una expresión de nuestra fe y amor. Si quieren, es un sacramento, en el
sentido que es una expresión exterior de nuestra fe interior de la presencia de Dios en
nuestros corazones. En nuestra meditación, todos nuestros sentimientos de fe, amor,
devoción, alabanza y agradecimiento, están contenidos en la repetición fiel e incondicional
de la palabra.

La repetición del mantra es el camino de la oración que nos conduce a la condición de
silencio y quietud, de simplicidad, de pobreza de espíritu, de total y desapegada atención a
la presencia del Espíritu Santo que nos habita. Es el camino del silencio, de la quietud, de la
simplicidad, del compromiso, de la disciplina, de la pobreza de espíritu, de dejar nuestro yo
de lado, de fe, de sacrificio, de generosidad y entonces de amor. El camino “de” también es
el camino “a”. Entonces el camino al silencio es también el camino del silencio. No
sorprende entonces que la fidelidad a la repetición del mantra nos conduzca al desarrollo
de estos atributos espirituales en nuestra vida.,

El mantra es el camino que nos posibilita trascender las distracciones y las maquinaciones
de nuestro ego durante nuestra meditación.

Peter Ng
“Coming Home”
Resources book
Escrita por Kim Nataraja,
Escuela Internacional.
Traducida por:
Ana Inés Privitello,
Argentina

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lunes, 22 de diciembre de 2008

LECCION NO. 10 PENSAMIENTOS, PENSAMIENTOS Y MÁS PENSAMIENTOS

LECCION NO. 10
PENSAMIENTOS, PENSAMIENTOS Y MÁS PENSAMIENTOS
¿Que hacer con todos esos pensamientos que nos invaden cuando estamos ansiando
alcanzar el silencio interior? Me viene una imagen a la mente: Recuerdo haber visto hace
muchos años un anuncio que invitaba a la meditación. En un poster había un retrato de un
guru indio de pie, con una apariencia y atuendo característicos, sobre su tabla de surf
montado sobre las olas. Por debajo se leía una frase: No puedes detener las olas pero
puedes aprender a practicar surf.



No podemos suprimir ni deshacernos de nuestros pensamientos: ellos permanecerán allí al
igual que las olas. Deberemos aceptarlos como parte inevitable de nosotros mismos y
simplemente conducirnos sobre ellos diestramente. En la meditación cristiana nuestra tabla
de surf es el mantra. Por momentos los pensamientos se calmarán, nuestra mente estará
quieta, descansaremos pacíficamente sobre nuestra tabla. Pero en otros momentos habrá
tantos pensamientos dando vuelta que perderemos continuamente el mantra. Y no obstante,
necesitamos perseverar: cada vez que nos caigamos de nuestra tabla de surf, simplemente
deberemos retornar a ella.

La tradición enfatiza lo inevitable de los pensamientos: Un hermano fue al Abba Pastor y le
dijo: “Muchos pensamientos vienen a mi mente y me distraen, y me siento en peligro debido a
ellos”. Entonces el hermano mayor lo condujo afuera, al aire abierto y le dijo: “Abre tus ropas
a la altura de tu pecho y captura el viento en ellas. El hermano respondió: “No puedo hacer
eso”. Y El hermano mayor le dijo : “Si no puedes atrapar el viento, tampoco podrás evitar que
los pensamientos invadan tu cabeza” (Dichos de los Padres del Desierto)

Cuando los pensamientos los distraen y los llevan fuera de vuestro mantra, simplemente,
menciónenlos: trabajo, compras, amigos etc o simplemente digan pensamientos y retornen
gentilmente al mantra. No juzguen, no se critiquen a ustedes mismos. Háganse amigos de la
parte de ustedes que conforma sus pensamientos. Es una manera de aprender a aceptarnos
a nosotros mismos con todas nuestras preocupaciones. Lentamente, sus pensamientos se
aquietarán, serán menos demandantes. Cuando retomamos a nuestro mantra nos damos
cuenta de las brechas que existen entre nuestros pensamientos, y son esos espacios
vacíos lo que permiten que el mantra suene ininterrumpidamente. La aceptación de nuestros
pensamientos como una parte natural de nosotros mismos nos permite aceptar de mejor
manera, la forma en que son las cosas en nuestra vida ordinaria. Aprendemos a aceptar la
vida tal cual es, no como quisiéramos que fuera.

La respiración es el puente entre el cuerpo y la mente. Sabemos que cuando estamos
estresados o agitados, nuestra respiración es superficial y rápida. Cuando el cuerpo
descansa, la respiración se lentifica y la mente se aquieta. Por lo tanto, si trabajamos para
aquietar no solamente nuestro cuerpo sino también nuestra respiración, aquietaremos
nuestra mente. Focalizarnos en la respiración es la mejor manera que conozco para dejar de
lado el mundo afuera y volcarnos al interior. Simplemente debemos poner nuestra atención
en el aire que entra en nuestras fosas nasales. Siéntanlo venir frío y salir cálido: simplemente
focalícense en sentir lo que ocurre cerca de las fosas nasales. No alteren la respiración,
simplemente siéntanla, entrando fría y saliendo caliente. Simplemente respiren.

Estos ejercicios de respiración son muy útiles cuando nos preparamos para la meditación;
una vez que la respiración se haya aquietado, focalicen la atención en el mantra. Pueden
sentir que es de utilidad unir el mantra al ritmo de la respiración, permitirle al mantra flotar en
la respiración, y esto también puede ayudar a arraigarlo en vuestro interior. Pero si eso los
distrae o presenta dificultades, abandonen el conectarlo con la respiración. Pongan toda
vuestra atención en el mantra y acepten lo que ocurre con ecuanimidad. Vale la pena: el
silencio interior crea la conciencia y la centralidad que perdemos en nuestra vida diaria
todos los días.

viernes, 19 de diciembre de 2008

¿LOS ÚLTIMOS TEMPLARIOS?

Javier Gómez

El 13 de octubre de 1307 comenzaron las detenciones, por orden real, de todos los caballeros templarios en Francia. Comenzaron los interrogatorios, los torturaron, y finalmente, acabaron reconociendo que aquellas acusaciones por las que habían sido detenidos, herejía y sodomía entre otras, eran ciertas.

Clemente V, Papa de aquella época, ordenó también la detención de los templarios que estaban en todo Occidente y en Chipre, y casi 600 caballeros más fueron llevados a París para ser juzgados. Corría ya el año 1309, y en esos dos años, algunos de aquellos primeros templarios detenidos, se retractaron de las declaraciones iniciales convirtiéndose así en relapsos. 54 de ellos fueron ejecutados en la hoguera en mayo de 1310. En el Concilio de Vienne, en el año 1312, Clemente V dictó la bula Vox in excelso por la que suprimió la Orden del Temple quedando sólo pendiente de sentencia los casos de sus cuatro más importantes dirigentes: Jacques de Molay, Geoffrey de Charney, Hughes de Pairaud y Geoffrey de Gonneville. Tras declararse inocentes, los dos primeros fueron llevados frente a la catedral de Notre Dame de París, y ante todo el pueblo, fueron quemados.

Jacques de Molay, Maestre del Temple murió en la hoguera el 18 de marzo de 1314 no sin antes lanzar una maldición contra los dos culpables de su detención, el Papa Clemente V y el Rey Felipe IV instándolos a presentarse ante el Altísimo en menos de un año. Ambos, el Papa y el Rey murieron en pocos meses. Pero éste no es sino un breve resumen de los hechos que ocurrieron entre 1307 y 1314. ¿Qué fue lo que llevó a la desaparición de la Orden Templaria? ¿Hubo una conspiración contra ellos? A la vista de un documento, y aunque ya se sabía, que ha sacado el Vaticano a la luz en octubre del año pasado, está claro que sí. Esos documentos que han permanecido durante 700 años ocultos en los Archivos Secretos del Vaticano muestran lo ocurrido en los juicios que se realizaron contra los templarios en el castillo de Chinon.: es el tomo titulado “Procesus contra Templarios” y ya se le conoce como “Pergamino de Chinon” en el que el Papa Clemente V concedió la absolución a los caballeros templarios reconociendo que no había motivos para su enjuiciamiento.

Remontándonos a aquellos años, varias fueron las causas que llevaron a que una orden tan rica y poderosa como la del Temple desapareciera. Inicialmente la Orden nació con el fin de preservar la religión católica y sus posesiones en el Mundo. Lo mismo ocurría con mucha otras ordenes militares, como los caballeros Hospitalarios, cuyo fin último era recuperar para la Cristiandad territorios sagrados de manos de los árabes. Sin embargo, cuando en en el transcurso de la batalla de Juan de Acre, en el año 1291, perdieron las últimas de las posesiones en Tierra Santa, su razón de ser desapareció y con todo su poder y riquezas se convirtieron en un peligro para el orden gubernamental del momento.

Así se lo temió Felipe IV el Hermoso, quien veía inmiscuirse en muchos temas a los Caballeros Templarios, quienes a su vez sólo tenían que rendir cuentas al Papa, permaneciendo intocables para el propio Rey. Por otro lado, tampoco sus hazañas eran bien recibidas entre el pueblo, pues suponían un costo extra que habían de soportar ellos mismos, dado que las ordenes militares estaban exentas del pago de impuestos. Felipe IV, el principal impulsor de la lucha contra los templarios, además, odiaba a su Gran Maestre, Jacques de Molay, quien había accedido al puesto a costa del gran amigo del Rey, Hugo de Peraud. Pero fue el dinero el gran motivo que impulsó a Felipe IV el Hermoso a comenzar la campaña persecutoria contra los Templarios. Las continuas luchas del reino contra Inglaterra y Flandes estaban vaciando las arcas, y Felipe IV andaba muy necesitado de dinero.

Varias veces había tenido que acudir a los inmensos tesoros templarios, solicitándoles un préstamo.

Las deudas con ellos aumentaban, y por tanto, eliminarlos suponía automáticamente que todas las deudas del Estado con los Templarios desaparecieran, y además, cabía la posibilidad de quedarse con todas las posesiones de los caballeros de la Orden. Clemente V, al que ahora exculpa la Iglesia de aquella persecución en el pergamino de Chinon, no fue sino una simple marioneta en manos del Rey, más por miedo a ser asesinado o arrinconado como lo había sido su antecesor Bonifacio VIII, que por falta de poder, ya que era prerrogativa del Papado la dirección de todas las ordenes militares. Perseguidos, cruelmente torturados y finalmente quemados en la hoguera, aquellos Caballeros Templarios de los que tantas leyendas e historias se han escrito desaparecieron en aquel año de 1314… o quizás no…

miércoles, 17 de diciembre de 2008

LECCION NO. 9 AQUIETANDO LA MENTE

LECCION NO. 9
AQUIETANDO LA MENTE

Cuando comenzamos a meditar, pronto nos damos cuenta que la disciplina es simple
pero no fácil.



Cuando hayamos logrado neutralizar nuestra inquietud exterior, ésta tratará de
encontrar una salida diferente; si no nos podemos mover físicamente, permitiremos que
nuestros pensamientos efectúen su “caminata”. Nos ocuparemos de nuestras fantasías
todo el tiempo, planificaremos, nos esperanzaremos o nos preocuparemos: e
interiormente estaremos aún llenos de ruidos y permanente movimiento; un loco
torbellino de pensamientos desconectados. Pronto nos sentiremos decepcionados y nos
veremos tentados a abandonar. Intentaremos aquietar la mente durante nuestra
meditación pero en cambio seremos constantemente asaltados por todos estos
pensamientos dispersos. Nos asaltará la duda y tal vez pensemos que no deberíamos
estar haciendo esto. No obstante, el mensaje de John Main y Laurence Freeman es
Perseveren!

No será hasta que verdaderamente abandonemos todos nuestros pensamientos e
imágenes, que seremos conscientes que nuestra mente los considera escenciales para
formar nuestra identidad. Nos daremos cuenta que, bajo nuestro esquema egocéntrico,
en tanto y en cuanto pensemos sabremos quienes somos y tendremos un módico control
sobre lo que ocurre, no importa cuan fantasioso sea. Nos sentimos al mando y entonces
nos sentimos seguros.

Es mas, pronto nos damos cuenta que en realidad somos adictos a nuestros
pensamientos, porque hemos sido formados dentro de un esquema en donde nuestros
pensamiento son considerados como la actividad más elevada con la que nos podemos
comprometer. Descartes, con su frase “Pienso, luego existo” en realidad conectó a la
existencia con el pensamiento. El no pensar aparece como una amenaza para nuestra
propia integridad y sobre vivencia.

No debe sorprendernos que las personas tenga temor, cuando se enfrentan con una
disciplina como la meditación que nos invita a abandonar los pensamientos y aun
nuestra imágenes; en realidad todas las operaciones de la mente racional: el pensar, la
memoria y la imaginación. Pero nosotros somos más que nuestros pensamientos!!

La forma mas importante de manejar nuestros caóticos pensamientos es aceptándolos.
Conforman la parte superficial de nuestro ser después de todo!! Pero esto no es tan fácil
como parece. Estamos tan habituados a criticarnos y juzgarnos tanto a nosotros mismos
como a los demás, que cuando nos sentamos a meditar, nos irritamos y los
pensamientos simplemente nos invaden. Pero cuanto más nos irritemos con nosotros
mismos, y mas intentaremos suprimir nuestros pensamientos, más persistentes serán.
Y en lugar de unificar nuestra mente, nos estaremos fragmentando porque una parte de
nuestra mente estará luchando con la otra. Mientras que cuanto más aceptemos a
nuestros pensamientos, mas nos pacificaremos.

Es inevitable que nuestros pensamientos entren en nuestra mente. Pero solo será un
problema si quedamos enganchados en ellos, o si estamos tentados a seguir su curso.
Pero podemos elegir, o nos enganchamos con nuestros pensamientos o nos
focalizamos en el mantra; es una elección libre. Todo lo que necesitamos hacer es
retornar gentilmente a nuestro mantra una y otra vez, cada vez que nuestros
pensamientos intenten sacarnos del mantra.

EL CÍSTER Y EL TEMPLE I

EL CÍSTER Y EL TEMPLE

Uno de los aspectos en que se aprecia con mayor claridad la importancia del Císter en el impulso hacia oriente está en relación con la Orden del Temple, una de las primeras consecuencias del éxito de la primera cruzada. Conquistada Jerusalem y constituidos los estados cruzados —condados de Edesa y Trípoli, principado de Antioquía y reino de Jerusalem— se plantea el problema esencial de su mantenimiento, cuyo dilema esencial es si la cruzada es solamente una expedición o exige una permanencia, como parece evidente.

Por otra parte, no sólo se trata de defender lo conquistado sino de garantizar a los peregrinos el acceso a los lugares santos; muchos realizan su peregrinación en grupos armados, pero, incluso en esas condiciones, es posible tropezar con dificultades. Como respuesta a una necesidad inevitable surgen pequeños grupos de caballeros que consideran imprescindible garantizar ese acceso y prestar su ayuda a los peregrinos. Es el germen de la Orden del Temple (1).

En 1119, Hugo de Payens y Godofredo de Saint-Omer, con un pequeño número de caballeros, deciden poner sus armas al servicio de los peregrinos que llegan a Tierra Santa. Se trata de una iniciativa en relación con el nuevo rey de Jerusalem, Balduino II, que inicia su reinado ese mismo año, y que les adscribe a los canónigos regulares instalados en el antiguo emplazamiento del Templo, como una orden tercera. Pronto construyen su pequeño convento anexo sin duda al santuario de la Roca, modelo de muchas de sus construcciones en Occidente. Como tantas otras empresas humanas, los comienzos del Temple son difíciles; la explicación no exige razones complejas: la propia novedad que significa una caballería integrada por monjes, la permanente instalación en Oriente, requerida por su misión, son obstáculos más que suficientes. Diez años después de su creación, Hugo de Payens se presentará en el concilio de Troyes, provisto de un texto de la Regla de la nueva milicia, que será aprobado en las sesiones del concilio (2).

Es un paso importante, pero precisa la obtención de apoyos en las potencias cristianas, lo que pretende el viaje de Hugo por Francia e Inglaterra, y una argumentación de carácter teológico que logra a través de san Bernardo. Después de solicitárselo en varias ocasiones, logrará Hugo de Payens que san Bernardo dedique uno de sus escritos a la alabanza de la Nueva Milicia (3).

El tratado escrito por san Bernardo nos permite conocer el concepto de su autor sobre la Cruzada y la misión de la naciente Orden; es posible valorar la importancia que el Cister —decir san Bernardo y espíritu cisterciense viene a ser lo mismo— tiene en la proyección hacia Oriente, objeto esencial de nuestra intervención en este curso. El escrito se encuentra en la línea argumental habitual del santo; su objetivo esencial, más aún que la propia alabanza del Temple, es la conversión. Gran parte de sus obras tienen, efectivamente, esa línea argumental: la conversión del monje, en muchos de sus sermones; la conversión de los clérigos, en un escrito de ese título (4); la conversión de los obispos, objeto de la Vida de San Malaquías (5) o de la Epístola al arzobispo de Sens (6); la conversión del propio pontificado es también el objeto del tratado De consideratione, dirigido al papa Eugenio III, al que nos referiremos después.

La alabanza de la nueva milicia responde ciertamente a su título: es una justificación de la vocación de los Templarios y una defensa de su modo de vida; pero es, sobre todo, el planteamiento de un completo itinerario espiritual para los caballeros, a través del cual podrán realizar plenamente el ideal evangélico. El cumplimiento del ideal cristiano no exige al caballero el abandono de la misión que corresponde a su orden. San Bernardo tiene la plena seguridad de que es la vida del monje el camino más seguro para el cumplimiento de ese ideal, pero propone a los hombres de guerra un proyecto enteramente similiar: pelear el combate de Cristo, como, en otro orden de cosas, hace el monje; santificar la guerra —su actividad habitual— porque es una guerra contra los infieles, idólatras, por tanto, injustos, en defensa de los fieles de Cristo, peregrinos, los justos.

En esta actividad hallarán la santificación, tomando de la santidad de los lugares en que desarrollan su actividad el motivo de su oración; o hallando incluso el martirio. La obra consta de dos partes: en la primera se justifica la legitimidad y necesidad de la Orden; la segunda es un itinerario espiritual por Tierra Santa. No se trata de una descripción de los lugares mencionados, que san Bernardo desconoce absolutamente, sino una evocación alegórica de cada uno de ellos, a través de la cual el monjecaballero —todos los caballeros y peregrinos, en general— sigue un itinerario espiritual cuyo colofón es la conversión personal y la plena identificación con Cristo, objetivo último de toda la obra del santo cisterciense. En el prólogo deja constancia el autor de la insistencia del primer maestre para lograr de él la redacción del mismo (7).

El hecho tiene una lógica incluso personal: Hugo de Payens es pariente de san Bernardo y son bastantes los vínculos personales y afectivos que, tanto ahora como en los años sucesivos, mantendrá con el Temple.

EL SISTER Y EL TEMPLE II

En la primera parte destacan, especialmente, los siguientes aspectos:

1. Excelencia de la vida y muerte del caballero. La admirable novedad de la nueva orden es que una misma persona combata por las armas a un enemigo poderoso, como lo hacen los caballeros, y al mal, al diablo, con la firmeza de la fe, como los monjes. Para este caballero todo son perspectivas favorables: si vence, obtendrá la máxima gloria, pues lucha por Cristo; si muere, la máxima dicha, pues muere por Cristo (8).

2. Santidad de la nueva milicia. Lo es porque defiende la causa de Cristo. Está exenta de todo peligro que acecha a un ejército secular: ser muerto puede acarrear al caballero la muerte espiritual también, porque al morir mientras deseaba matar es, en realidad, un homicida; vencer y matar es sucumbir a una inmoralidad, ser también un homicida. Incluso la legitima defensa plantea a San Bernardo algunos reparos pues no deja de ser una anteposición del bien corporal al espiritual (9).

3. Clases de milicia. Jugando con los términos malicia y milicia, contrapone la caballería —malicia— con la verdadera milicia de Cristo. Los primeros se mueven por torcidos objetivos, combaten por odio, ambición o vanagloria —preocupados por los adornos, como las mujeres— y su fin sólo puede ser la muerte, propia o del enemigo, pero siempre con muerte espiritual, la única terrible. Los soldados de Cristo le sirven muriendo y matando: con seguridad de conciencia en uno y otro caso. Si matan, porque lo hacen para defender a los justos: su acción es un malicidio; si mueren, porque han llegado a su meta. No propone la muerte de los paganos como algo necesario, si se hallan otros medios para combatir su opresión sobre los justos, pero, en las actuales circunstancias, es preferible esa solución para que no pese el cetro de los malvados sobre el lote de los justos (10).

4. Licitud del uso de la fuerza. Es preciso desenvainar las dos espadas —espiritual y material—contra todos los enemigos de la fe cristiana. Es preciso mantener la libertad de Jerusalem: para demostrarlo aporta un abrumador número de citas de los profetas. No olvida, sin embargo, advertir contra una interpretación literal de estos textos y prevenir contra la tentación de considerar a la Jerusalem terrestre como bien absoluto cuando es, únicamente, figura de la verdadera Jerusalem, la celeste (11). Tras este panorama general, describe la vida de los templarios y ensalza hiperbólicamente las virtudes que atesoran estos monjes soldados: disciplina, austeridad, vida común, humildad, trabajo, ausencia total de actividades frívolas e innecesarias; en lo militar destacan por su valor, organización, previsión, ansia de victoria, no de gloria y, sobre todo, por su confianza en Dios (12). Compara la misión del Templario, cuya vida santa adorna el nuevo templo más que la belleza material al antiguo Templo, con la actitud del propio Cristo expulsando de él a los vendedores. La gloria del templario es doble, por su conversión y por el servicio que presta; como lo es la de Jerusalem, por su santidad y por ser instrumento de santificación para esta milicia (13). La segunda parte considera un itinerario espiritual, de renovación del hombre, que culmina, como hemos dicho, en la plena identificación con Cristo. La excelencia de los lugares mencionados constituye el gran impulso de la cristiandad hacia Oriente y, al tiempo, la máxima alabanza del Temple. Belén, casa del pan, donde nace el alimento espiritual para el hombre (14); con este alimento el hombre ha de pasar de la flor, Nazaret, al fruto, al reconocimiento de la plena divinidad de Cristo, de modo que no le ocurra como al pueblo judío, incapaz de llegar a la "verdad plena" (15). El Monte de los Olivos y el valle de Josafat son la invitación al examen y confesión de los propios pecados (16); con ello el hombre alcanza su plena curación espiritual en el Jordán, santificado por el bautismo de Cristo y la presencia casi patente de la Trinidad (17).

En el Calvario se opera la plenitud de la salvación, por el total despojo de Cristo, como ha de hacer el hombre (18). El Santo Sepulcro es el lugar más emotivo (19), San Bernardo, además de apelar a la emoción del peregrino, redacta un elevado tratado teológico sobre la salvación en el que emplea un tono muy diferente del utilizado para referirse a los demás lugares. La muerte, paso obligado para el hombre como consecuencia del pecado, una muerte voluntaria impuso una muerte inevitable, exige una satisfacción por la deuda del pecado —el sufrimiento corporal de Cristo—, al tiempo que su muerte voluntaria nos merece la vida: pudo morir por ser hombre y no pudo morir inútilmente por ser justo. Tras una larga argumentación teológica sobre la locura de la salvación, adivina el autor quienes puedan contemplar el lugar mismo de la sepultura del Señor se sentirán como poseídos de la más dulce e intensa devoción..., y olvidarán las penalidades, gastos y peligros del viaje. El tono vibrante de san Bernardo hubo de electrizar el ánimo de quien leyese este pasaje como tantas veces ocurrió con quienes le escucharon en la predicación de la segunda cruzada. Tomando como recurso la etimología de Betfagé, casa de la boca, apela el santo a la conversión del pecador y la confesión de sus pecados, como primer paso de su existencia renovada. Esboza una más amplia meditación sobre la confesión, las disposiciones de los penitentes y el modo de proceder de los sacerdotes (20).

Al fin, el hombre renovado llega a Betania, la casa de la obediencia, virtud esencial en la vida del hombre nuevo, tanto en la acción como en la contemplación (Marta y María) (21). Programa de renovación para el hombre y programa de vida, san Bernardo trasciende en su escrito la sola alabanza de la Orden. No es difícil suponer el efecto que tales argumentos, que constituyeron muy probablemente el esquema de sus predicaciones orales, hubieron de causar en los hombres de su tiempo. Es indudable que su acción fue decisiva en el crecimiento del Temple, tanto como en la promoción de una nueva cruzada

. NOTAS 1.- Sobre los Templarios puede verse, entre una amplia bibliografía, BORDONOVE, G. Les Templiers. Historie et tragedie. Paris 1974; DAILLIEZ, L. Histoire generale des Templiers. I. Gouvernement et institutions. Niza 1980. DEMURGER, A. Vie et mort de l'Ordre du Temple, 1118-1314. Paris 1985.

2.- La Regla del Temple en DAILLIEZ, L. La règle des Templiers. Alpes-Méditerranée, Ed. Imprésud, 1977.

3.- El texto de este tratado, Liber ad milites Templi. De Laude Novae Militiae, se halla en P.L. tomo 182, cols. 921-940. Se han hecho de él diversas ediciones, entre ellas, por recientes y accesibles, cito la preparada por los Monjes cistercienses españoles, Obras completas de San Bernardo, I, 496-543. Madrid, BAC, 1983, y las Oeuvres complètes. Colección Sources Chrétiennes, 367, Éloge de la Nouvelle Chevallerie. Vie de Saint Malachie. Épitaphe, Hymne, Lettres, ed. de EMERY. P-Y, 19-133. Paris 1990.

4.- Sermón a los clérigos sobre la conversión. Obras Completas de San Bernardo, ed. Monjes Cistercienses españoles, I. 361-424.

5.- Vida de San Malaquías, Obras completas..., vol. II, 315-429.

6.- Carta 42: Tratado sobre el ministerio episcopal. Ibid. 430-487.

7.- S. BERNARDO, Obras Completas, BAC, I, 496-497.

8.- Ibid. 499.

9.- Ibid. 499-501.

10.- Ibid. 503-505. Sobre la posición de san Bernardo respecto a la matanza de infieles, vid. DÉRUMEAUX, P. Saint Bernard et les infidèles. "Mélanges Saint Bernard", 68-74. Dijon 1954. Conviene recordar la contundente defensa que san Bernardo hace de los judíos. Vid. LUDDY, San Bernardo, 522-523.

11.- Ibid. 505-507.

12.- Ibid. 507-511.

13.- Ibid. 511-513.

14.- Ibid. 514-517.

15.- Ibid. 516-519.

16.- Ibid. 518-521.

17.- Ibid. 520-523.

18.- Ibid. 522-523.

19.- Ibid. 522-539.

20.- Ibid. 538-541.

21.- Ibid. 540-543.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Dossier secreto (lll)

Albert Lantoine quien, al final de su vida se interesó -de una forma, por otra parte, muy original- por la reconciliación masónico-eclesiástica, al referirse a la responsabilidad de los altos grados, en el divorcio entre Iglesia y Masonería.

Por otra parte, un año después del suplicio de Jacques de Molay, y bajo el reinado de Louis X le Hutin, Enguerrand de Marigny, acusado de malversaciones, fue ahorcado en Monfaucon.. Este hecho tan extraño puede hacer pensar que ciertas leyendas sobre el origen de la Estricta Observancia, podrían no haber sido totalmente despojadas de un fundamento de verdad. Toda esta frase viene subrayada en el texto.

Una resonante tragedia debía acontecer en los últimos días de Phillipe le Bel. Sus tres hijos, quienes, de 1314 a 1328, se fueron sucediendo en el trono y murieron sin descendencia, antes de desposarse con Margarita, Blanca y No debemos considerar muy recomendable la lectura de esta obra de MM. Paul Lesourd y Claude Paillat. Se aprecia en cualquier punto de la historia, sean cuales fueren las tendencias de los que las muestren, que es “una conspiración permanente en contra de la verdad”. Los espíritus tradicionales, cuando lean este libro, recordarán, con frecuencia, ciertas alusiones a René Guénon. Naturalmente, “la historia sagrada” ha sido particularmente manipulada, y aun lo ha sido más la historia de las organizaciones esotéricas e iniciáticas. La cuestión de los Templarios es tan importante, que no hace falta sorprenderse si se han necesitado más de 600 años para dilucidar ciertos puntos misteriosos, referentes a las relaciones entre esta Orden y la Orden masónica. Aunque los Masones, evidentemente, continuarán pensando que, culpables o no, los Templarios no son, de ningún modo, el origen de la Franc- Masonería.

Ellos cuentan para sí con referencias ilustres: un Joseph de Maistre, un Willermoz, un Albert Lantione. Otros, como nosotros, no tenemos más autoridad que la de los rituales y la de René Guénon... Los Masones, adversarios de la filiación templaria, se reclutan, tanto a través de los racionalistas, como mediante los Hermanos de tendencias exactamente opuestas. A pesar de que la Masonería -fecunda madre en fructificaciones de todo género-, abunda en espíritus positivos que, a la vista de un buen humeante plato de lentejas, no faltarán jamás la exclamación: “¿De que me sirve mi derecho de primogenitura?”63.Poco tiempo después la parición de la obra de MM. Paul Lesourd y Claude Paillant, ofrece un nuevo aspecto sobre la tragedia de los Templarios, aclarando ciertos hechos importantes hasta aquí descuidados, la revista Acheologia, dedica todo su número de Marzo-Abril 1969, a la publicación de una serie de artículos sobre los Templarios.

Una editorial subraya los enigmas que entornan su historia: las obscuridades de su proceso, la posible supervivencia gracias a múltiples complicidades, el interés manifestado por sus jueces en los ritos de recepción, etc... Después M. ElJuana de Borgoña. Ahora bien, a lo largo de las fiestas que dio el rey en las que armó a sus hijos caballeros, la hija de Phillipe, Isabel (esposa de Eduardo II, rey de Inglaterra), acusa a sus nueras, Margarita y Blanca, de mantener relaciones adúlteras con dos jóvenes de la Corte. ¿Legaron las cosas tan lejos como pretendía la austera Isabel? Puede dudarse, y atribuir a móviles bastante equivocados, la denuncia contra las dos princesas. Sea lo que fuere, las presuntas cómplices nueras

martes, 9 de diciembre de 2008

TEMPLARIOS: SIEMPRE CABALLEROS

Un Código de vida
Ángel Gaspar Celdrán

“No está permitido a nadie tener hábitos o mantos blancos, más que a aquellos que son llamados Caballeros de Jesús-Cristo”. (Art. XXII. Regla del Temple. 1128).
El caballero, aquel que es capaz de sacrificar su propia vida en la defensa de causas aparentemente perdidas, ha de ser una esperanza para el mundo. Debe de acudir siempre a la llamada de aquellos que sufren, que dudan o tienen hambre y sed de una evolución más alta; como San Martín ha de rasgar su capa para cubrir al infortunado, haciendo que el amor hacia los hermanos más pobres nos haga también compartir con ellos, como tú lo hiciste, lo que somos y tenemos con sencillez y humildad de corazón.
O como Oswald Wirth, recordad que el ideal iniciático es la filantropía, el humanitarismo, el ejercicio del bien supremo sobre esta Tierra,
“Ama el bien. Ignora el mal”

El Caballero del Temple que ejerce la Caballería al servicio de Dios, de Nuestra Señora y de toda la Humanidad, debe de ser muy estricto en la aplicación de un código de vida diario. Ha de renunciar, a toda idea de posesión egoísta con sólo el ánimo de beneficio propio.
Los templarios del pasado a pesar de ser una orden rica y próspera, sus miembros eran pobres y nada poseían que no fuese aquello que la orden les entregaba para cubrir sus necesidades más esenciales. A los templarios les unían lazos de amor y fraternidad basados en la solidaridad entre los pueblos, teniendo en cuenta como fin el bien común y la elevación de la conciencia. “Si algún Hermano de la Casa quiere tener, por derecho o por espíritu de soberbia, lo más bello y lo mejor, merecerá a causa de su presunción tener lo peor. ( Art. XXV R.T.) No debe causar a ninguna criatura herida o daño, sea esta una criatura humana u otra, sea por ganancia, placer o vanidad. Por lo tanto, y siguiendo tal ejemplo, los templarios del Nuevo Milenio deben de comprometerse a llevar una vida ejemplar de verdaderos soldados de Cristo, socorriendo y protegiendo a los más débiles, y en general, defensores de la Naturaleza.

“Ama y protege la vida, expande la paz y la armonía. No manifiestes agresividad en ningún plano”.

El Caballero Templario procurará tener un temperamento mesurado y armónico para facilitar el trato y la convivencia, tratando de ser organizado y disciplinado para controlar cualquier rasgo de egocentrismo, sustituyendo esta actitud con el empeño en no imponer nuestro criterio a los otros, siendo capaces de convivir teniendo en cuenta las diferencias caracterológicas, es decir, el Caballero Templario debe tomar conciencia de su comportamiento y reacciones, analizar constantemente cuáles son sus motivaciones más profundas y cómo actuar ante ellas. En definitiva, que su actitud sea de responsabilidad.

“Sé puro, sensible y dulce. No practiques jamás el sarcasmo”

El Caballero Templario nunca se pierde de vista a sí mismo, pero esto no ha de significar que descuide a las personas con las que se relaciona, es decir, si amo y tengo en cuenta a los demás procuraré no dañarles deliberadamente: que el amor, la compasión y la consideración hacia los demás, sea primordial en mis relaciones, no juzgando ni provocando a nadie.

“Sé bondad, justicia y compasión. No critiques jamás”

La capacidad de vivir con ética y solidaridad debe crear un nivel de fortaleza en nosotros mismos y al mismo tiempo ser capaces de crear un compromiso personal que nos aporte la energía suficiente para defendernos de cualquier agresión individual o masificada.
En el camino espiritual no se nos pide que seamos serviles o blandos, todo lo contrario, la justicia o el ser justo a veces conlleva tener firmeza y luchar por lo que creemos aunque eso signifique enfrentarnos a lo establecido. Es por ello que el Caballero Templario mostrará una firmeza interna confiada y convencida que no se deja vencer ni convencer por la justicia o por el ataque externo luchando por lo que considera bueno para sí mismo aunque sea cuestionado por los demás.
En definitiva que el caballero actúe conscientemente.

domingo, 7 de diciembre de 2008

EL GRIAL MÍSTICO

EL GRIAL MÍSTICO

La búsqueda del Santo Grial es uno de esos mitos que perduran siglo tras siglo; una creencia entre mística y popular que se originó allá por el siglo XII y que no se ha abandonado hasta el día de hoy. Y como suele ocurrir en historias de este tipo, su leyenda se ha ido engrandeciendo con el tiempo y haciendo que cada vez se presente más difusa esa extraña barrera entre la ficción y la realidad. ¿Qué es realmente el Santo Grial?…

La creencia popular siempre pensó que era el cáliz de Cristo, aquel que utilizó en la Última Cena, la copa con la que posteriormente José de Arimatea recogió la sangre del Hijo de Dios mientras estaba crucificado, y quizás por ello, se le atribuyen poderes misteriosos. Con el paso de los siglos, aquella búsqueda de ese Sagrado Cáliz a la que se ha asociado a los Caballeros Templarios, e incluso hasta al Tercer Reich alemán, se ha convertido en algo más que la propia física de una copa de madera.

De ese Santo Grial se ha teorizado conque podría tratarse incluso de la matriz de María Magdalena a la que determinados escritos (supuestamente escondidos por la Iglesia) asocian con la esposa de Jesús, con el que probablemente tuvo descedencia. Y es a partir de esa teoría cuando se comienza a relacionar a la búsqueda del Santo Grial con la búsqueda de la descendencia de Cristo. Un primer documento, del año 1010, menciona por primera vez en latín medieval, la palbra “gradales”, de la que derivó posteriormente “graal” (en francés), “grail” (en inglés) y “grial”, en España. Precisamente en nuestro país, por Grial se designaba en épocas medievales a ciertos recipientes en forma de copa de uso doméstico. Una forma más, ésta, de relacionarlo con la búsqueda del Cáliz. Pero los que defienden la teoría de la descendencia, hacen hincapié que la derivación de aquel “gradal” inicial a “graal”, no fue correcta. No fue el “San Graal” lo que se trasladó, sino el “Sang Raal”, es decia, la Sangre Real. Puede que, según esta teoría, lo que se trasladara de Asia a Europa no fuera entonces una copa de madera, el Grial o cáliz de Cristo, sino la Sangre Real, el linaje y descendencia de Cristo.

Obviamente, un descubrimiento así podría suponer un auténtico terremoto para las creencias religiosas cristinas, y podría suponer daños irreparables para la Iglesia Católica.

Quizás por ello se han asociado distintas facciones misteriosas que luchaban a lo largo de los siglos por defender ese sagrado cáliz y mantenerlo oculto y otros por lo contrario, sacar la Historia a la luz. Nombres como el del Priorato de Sion, o el de los Illuminati se han asociado con su búsqueda. Sin embargo, hubo un hecho que reforzó la leyenda. Fue en un perdido pueblo francés, allá por el siglo XIX, de nombre Rennes-Le-Chateau. Desde el siglo XII diversos escritos comenzaron ya a hablar de la leyenda, relacionándola con el Rey Arturo y sus caballeros. Eran los años en que los Templarios dejaron atrás Jerusalén.

Un siglo después, un poeta alemán, Wolfram von Eschenbach, dejó escrito que los templarios custodiaban y ocultaban aquel objeto sagrado. Investigaciones realizadas en pleno siglo XX sacaron a la luz teorías (que no pruebas) de que durante siglos hubo una conspiración eclesiástica apoyada por los reyes de Francia de aquella época para mantener oculto un terrible secreto. Aquellas teorías que se plasmaron en un polémico libro, El Enigma Sagrado (1982), y que concluía afirmando que la búsqueda del Santo Grial era la búsqueda de todo el linaje de David con el que se entroncaba el de Jesucristo, fueron las que sirvieron de base para el libro de Dan Brown, El Código da Vinci, el que finalmente le ha dado la fama necesaria a un caso que se mantuvo durante siglos, sino oculto, sí en las sombras.

Aquellas mismas investigaciones observaron que alrededor de Rennes-le-Chateau se había construido una triada de enclaves templarios, formando así una red de protección alrededor del pueblo. Eran los castillos de Champagne-sur-Aude, el de Blanche-fort y el de Saint Just et le Bézu. Y entonces fue cuando se recordó cierto hecho ocurrido en aquel pueblo perdido de Francia… Pero esa… esa es otra historia… Javier Gómez

sábado, 6 de diciembre de 2008

Dossier Templario Masónico Secreto 1º

Dossier Templario Masónico Secreto

Vamos a dar algunas citas de Dossier Secreto. Los autores abren ciertas perspectivas sobre el papel que las rivalidades financieras del capitalismo hubieran podido tener en la destrucción de la Orden del Templo. “Los Templarios eran, bajo ciertos puntos de vista, una especie de rivales de los banqueros italianos, que no los veían con muy buenos ojos. En efecto, la Orden, siendo una potencia soberana, se trataba de tu a tu con los príncipes, y las transacciones que hubieron con el Templo siempre tenían un buen fin, mientras que los tratos con los banqueros italianos estaban a la merced de una orden real, trabando el negocio de los Lombardos...

Durante la séptima Cruzada, Luis XI les había pedido mucho dinero y, después de su vuelta, mediante sus intermediarios, despacho los fondos en Tierra Santa... Por tanto, bajo Philippe le Bel, el favor de la Orden sufrió un eclipse, pues el rey tomó, como consejeros, a financieros de Bancos italianos... En ningún momento hubo ningún comentario respecto a la honestidad de los caballeros; más bien al contrario, su firma era a veces solicitada como señal de garantía...

A lo largo del proceso, no será reprochada al Gran Maestro, Jaques de Molay, no al Tesorero de la Orden, Jean de Tour, una malversación en la administración de los últimos reyes... Los escándalos financieros no se encuentran en el origen del proceso, cuyas verdaderas razones quedan siempre en el misterio (pgs. 152 y 153) Recordemos que la Orden de Citeaux, fundada por San Roberto, reconocía como demás fundadores a los Santos Abéric, Étienne Harding y Bernardo. Estos dos últimos dirigieron el concilio de Troyes, donde se creó la Orden del Templo, y fue San Barnardo quien le dio su reglamento. Cf. Kurt, La Iglesia en torno a la Historia, pgs. 83-84. ¿No será en el siglo XIV que la Iglesia romana dejó de excomulgar a aquellos de sus hijos que practicaban la “usura”, es decir, el prestar con intereses? Sabemos las consecuencias que la libertad así acordada, debía tener en la evolución del mundo occidental.

Esta primera ”degeneración de la moneda” supuso claramente el principio del “reino de Mammon”, según la expresión relacionada más arriba, y tomada de ciertos autores eclesiásticos particularmente clarevidentes. Sabemos también cuanto la fiscalidad de los papas de Avignón, y notablemente de Juan XXII, ha Esta última frase, evidentemente, tendrá para los Masones guenonianos, una resonancia muy distinta a la que puedan tener los miembros restantes. Éstos, sin embargo, aportaron ciertas precisiones que podrían introducirse en la vía de la solución del misterio: “Es cierto que la rivalidad entre ciertas Órdenes de Caballería, fue debida en gran parte al fracaso de ciertas cruzadas y a la pérdida definitiva de las colonias francas de Oriente latino.

Los bienes del Templo, después de varios años de dudas al respecto, fueron finalmente puestos a disposición del Papa, quien se los dio a los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, la Orden rival, conocida, hoy en día, bajo la denominación de Caballeros de Malta. Pienso que es aquí donde se encuentra la llave del enigma, y sin que nadie, aun, la haya señalado52. Las dos Órdenes militares tenían idénticas finalidades.

Sus rivalidades venían, en parte, originadas por el fracaso de las Cruzadas, pues podían divisarse en las alianzas y la diplomacia. Terminadas las Cruzadas, las rivalidades seguían. Philippe le Bel, había intentado fundir en una única Orden militar, estas dos milicias, que fueran, a la vez, religiosas y militares.

Los Templarios lo habían rechazado, oponiéndose con orgullo y torpeza. Que los Hospitalarios de San Juan hubieran tratado de perder a sus rivales, llegando a una supresión de la que pensaban aprovecharse materialmente, no tenía nada de chocante. Hubiera sido la fase final de una lucha secular. En cualquier caso, los Hospitalarios no hicieron ningún gesto inclinado a defender a los Templarios, que, ciertamente, no eran peores que ellos (pg. 154).

viernes, 5 de diciembre de 2008

El Camino a la Liberación






LA COMUNIDAD MUNDIAL PARA LA
MEDITACIÓN CRISTIANA

APRENDE A VIVIR EN LA PRESENCIA DE DIOS



ComunicaSoluciones

Moment of Christ -
The Path of
Meditation - John
Main,OSB

Para algunos de ustedes que ya han estado meditando por un largo período les
quiero decir lo que va a ocurrir con la meditación. Quiero dirigirles unas palabras
sobre la meditación como un compromiso a la realidad. Estoy seguro de que
ustedes saben por su propia experiencia que la meditación no nos permite jugar. Si
estamos verdaderamente comprometidos a repetir el mantra desde el principio
hasta el fin, y si verdaderamente estamos comprometidos a absolutamente meditar
cada día de nuestra vida, en la mañana y en la tarde, entonces cuando trabajamos
en ese compromiso con mayor profundidad, nos abrimos a la realidad: a la
realidad de nuestro propio ser, a la realidad de la creación y a la realidad de Dios.
No a nuestras metas, no a las ambiciones, no a las cosas secundarias, no a las
cosas materiales, no a lo trivial. Sabemos muy bien que si respondemos a lo trivial,
nosotros mismos nos trivializamos.

Permíteme darte un ejemplo. La gran ilusión que tenemos, es que creemos que
nosotros somos el centro de la realidad. Es muy fácil caer en esta ilusión porque
en nuestra conciencia parece que vemos el mundo externo a partir de nuestro
centro. Y parece que vigilamos el mundo externo a partir del centro de nuestro
control interno. Y por lo tanto, parece que el mundo gira alrededor de nosotros
mismos. Entonces, lógicamente, tratamos de controlar el mundo, de dominarlo y de
ponerlo a nuestro servicio. Este es el camino hacia la alineación, hacia la soledad y
hacia la ansiedad, porque esta percepción es fundamentalmente irreal.

Lo que aprendemos al meditar, dentro de nuestra propia experiencia, es que Dios
es el Centro. Dios es la Fuente de toda la realidad. Lo que descubrimos, por propia
experiencia, es que no hay realidad fuera de Dios. Solamente existe la ilusión fuera
de la realidad. En la meditación encontramos la fuerza para vivir en la clara luz del
centro y en la realidad de Dios. La realidad que es su creación, la realidad de que mi
ser creado por Dios surge de esto. El resultado es que con la meditación, a través
de nuestro compromiso, nos anclamos en la Verdad. Primero nos anclamos en el
Camino, el peregrinaje de la meditación. Y lo más importante, nos anclamos a la
Vida. Nuestra línea de vida se hace clara. Nos anclamos en Dios. Empezamos a
saber, desde nuestra propia experiencia, que El es la base de nuestro ser. En El
vivimos. A través de El vivimos. Y vivimos con El.

Lo que requerimos es compromiso y perseverancia. El resultado es que la
meditación se vuelve nuestro camino de liberación. Nos hacemos libres para vivir
el momento presente, para aceptar el regalo de nuestra creación, para estar
totalmente en el eterno AHORA de Dios. Como estoy seguro, por tu propia
experiencia descubrirás que este compromiso de ser y de vivir plenamente en el
momento presente se convierte entonces en un compromiso de vivir tu vida
plenamente en todo momento. La razón no es difícil de comprender. La razón es
que con la meditación nos abrimos a la Fuente de la Vida en nosotros. Una vez que
nos abrimos, la Fuente de la Vida fluye en nuestro ser interno en todo momento de
nuestra vida. Esto es en esencia lo que es el Cristianismo. Esto es lo que Jesús
vino a proclamar - ´yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia´
(Juan 10:10). En otras palabras, no debemos disculparnos por lo que somos, ni
hacer excusas por lo que somos. No debemos pasar nuestra vida tratando que los
otros nos acepten. Lo que tenemos que hacer es arraigarnos a la realidad, y
después pararnos firmes en la base de nuestro propio ser, para así vivir con el
poder de la realidad de nuestro propio ser.

La meditación es el camino de liberación del miedo. El miedo es el gran
impedimento para la plenitud de vida. Lo maravilloso de la visión proclamada por
Jesús es que el gran poder del amor, que elimina el miedo, es el poder con el que
hacemos contacto en la profundidad de nuestro ser. El poder del amor es la energía
que barre con todo lo demás. Lo que debemos comprender y lo que debemos
proclamar, si vamos a proclamar el mensaje Cristiano al mundo, es que en la
oración empezamos a vivir plenamente a partir de la fuerza que nos libera en lo
profundo de nuestro ser y que esa fuerza de vida es el amor porque es Dios.

Esto implica el compromiso a la vida y al amor. Este es el compromiso que Jesús
proclamó con su propia vida y con su amor. Debemos comprender desde nuestra
propia experiencia que esta vida y el amor son la realidad presente que se
encuentra y que contactamos dentro de nosotros mismos, en nuestro propio
corazón. Esto es algo que debemos aprender por experiencia propia. No es
suficiente conocer a partir de la experiencia de otras personas que el Espíritu de
Cristo vive en nuestro corazón y que en nuestro corazón el Cristo vivo nos llama a la
plenitud de vida. Eso es lo que debemos ser, comprometidos en nuestro auto
conocimiento y al compromiso de vivir a partir del poder de Cristo.

No hay medias tintas. No puedes decidir meditar solamente un poquito. La opción
es meditar y arraigar tu vida a la realidad. La realidad es la realidad de la libertad –
que estás liberado a ser y a tu plenitud en todo momento de tu vida. Hasta donde yo
puedo comprender, esto es de lo que se trata en el Evangelio. Esto es lo que es la
oración Cristiana. El compromiso a la vida, el compromiso a la vida eterna. Jesús
nos enseñó que el reino de los cielos es aquí y es ahora. Lo que debemos hacer es
abrirlo, y ese es nuestro compromiso. Esto es lo que dijo Jesús en el Evangelio de
Mateo:

´Es semejante el reino de los cielos a un tesoro escondido en un campo, que quien
lo encuentra lo oculta, y lleno de alegría, va, vende cuanto tiene y compra aquel
campo. Es también semejante el reino de los cielos a un mercader que busca
perlas preciosas, y hallando una de gran precio, va, vende todo cuanto tiene y la
compra´ (Mateos 13: 44-6).

Este es el compromiso que necesitamos - el compromiso a meditar cada día y en
nuestra meditación, decir el mantra de principio a fin.
PADRE JOHN MAIN, OSB

TEMPLARIOS III (el ocaso)

Ocaso

La noche del 14 de octubre de 1307 Felipe el Hermoso hizo arrestar a los templarios de su reino. Acusados de herejía (se les acusa de adorar aun dios denominado Baphomet, aparte de su relación con la secta de los Hassasin en Alamut), sodomía, confesión comunitaria , escupir el crucifijo y otros argumentos de indudable efecto popular, elegidos hábilmente por Nogaret, el instrumentador legal, los nobles caballeros debieron sufrir lo indecible en cárceles pestilentes, frías, oscuras, hostiles hasta el destino final: la hoguera.

La "justicia" de la Inquisición estuvo a cargo de los dominicos, sus enemigos. ya conocidos por otra parte. Las confesiones fueron compradas o arrancadas bajo tortura. En este punto de los hechos desde diversos ángulos se disparaba sobre los templarios. Cada uno trataba de obtener su parte del botín. Si bien Felipe quería los bienes de la Orden, la Inquisición quería la Orden misma. El clero secular, la Orden de los Caballeros de San Juan, el propio Papa, el mísero alcalde de aldea, todos como buitres hambrientos apuraban el trámite para tratar de conseguir algún bien del Temple, algún despojo, por pequeño que fuera.

No obstante el más despechado había sido el propio Felipe que encabezó los allanamientos a la casa del Temple en París, depósito principal de los tesoros, sin encontrar más que papeles y objetos sin valor, aunque pudo rescatar sus propios pagarés. Siempre se murmuró que noches antes partieron tres enormes carretas de heno, tal vez salvando el verdadero tesoro. El 18 de marzo de 1311, el último Gran Maestre, Jaques de Molay, analfabeto, virilmente, prefirió el fuego a la cadena perpetua. Godofredo de Charnay lo siguió. Según relatos "el Gran Maestre en cuanto vio el fuego preparado se desnudó sin titubear... pero dijo a los verdugos: por lo menos dejadme juntar un poco las manos para elevar mi plegaria a Dios..., ya que voy a morir, sabe Dios, injustamente. Pronto caerá la desgracia sobre quienes nos condenan inicuamente. Dios vengará nuestra muerte, con esta convicción muero. La muerte lo tomó tan dulcemente que fue motivo de admiración para los presentes ".

La ultima vez que se tiene constancia de los Templarios es en la Batalla de Bannockburn; donde expertos afirman que se le dio este nombre debido a la traducción de “burn”, quemado,; ya que numerosos dibujos de la época muestran a a Templarios conducidos a la hoguera sin pies y quemados. Por otra parte, el Papa moría alrededor de un mes después por un atracón de higos y el rey lo hacía ocho meses más tarde, paralítico por una caída de caballo. Ese mismo año Nogaret, autor del trabajo sucio, también moría misteriosamente. Los denunciantes que pusieron en marcha el proceso les siguieron, apuñalados o ahorcados. En 1328 ya no reinaba en Francia descendiente alguno de Felipe el Hermoso.

Y después llegaron las guerras, el hambre y la peste; el galope sombrío de los jinetes del Apocalipsis. Se cuenta que cuando la cabeza de Luis XVI rodó, de la multitud salió el grito: - Jaques de Molay, por fin has sido vengado!! Es que se decía que Felipe había reencarnado en Luis XVI.